Yo quisiera un mundo mejor. Marciano Lázaro Crespo

Cultura

Yo quisiera que a mi alrededor todo fuera de color rosa,
que todo en la tierra fuese poesía y por siempre hubiese
risas y armonía.

Que el sol cada día pudiera brillar.
Que los mares nunca hicieran temblar,
que el viento cantase con alegres notas
como el mar le canta a la humilde gaviota.

Quisiera que el río que corre hacia el mar sus márgenes
nunca pudiera agrandar, que siempre tranquilo camine
adelante, con su hermana nube como acompañante.

Yo también quisiera que mi hermana cierva, cuando beba
agua o coma hierba, nunca tuviese acechando esa mano
dura que la vida apaga a tanta hermosura

Que bellas flores con su suave aroma inunden los campos
del valle, y que abran su cáliz al naciente día, su murmullo
claro de luz y armonía.

Que siempre los árboles nos diesen su sombra, y en sus
ramas verdes cantase la alondra. Y que el silencio pudiera
escucharse el murmullo del agua al pasar.

Yo quiero una tierra que brote profunda, que sus árboles
tengan raíces profundas y que la primavera se cubra de
flores, luciendo radiante, hermosos colores.

Que un día un pajarillo hiciera su nido, con cañas y barro
y flor del tomillo, no caiga abatido por manos extrañas y
mate el arrullo de la fiera alimaña.

Que rayo al acecho no dé su reflejo. Que el trueno no
mate el silencio. Y que el arcoíris su vela retoque con
bellos colores por el horizonte.

Y que el hombre sea amigo del hombre. Que le llame
hermano aunque sea pobre. Y con él reparta su vino y su
pan. Y si tiene frío, también su gabán.

Que ricos y pobres fuesen como hermanos, que lo
importante fuese el ser humano. Y que con una sonrisa
que no cuesta tanto, supiera borrar de su rostro el llanto.

Y mi gusto fuera abrir las fronteras, que nadie extranjero
jamás se sintiera, y tantos hermanos que exponen su vida
tuvieran albergue, vestido y comida.

Qué bueno sería que no hubiera guerras. Que la paz
reinara por siempre en la tierra, que el terrorismo por fin
se acabe y que la libertad no fuera solo una frase.

Yo no quiero ver a los niños hambrientos faltos de
esperanza, faltos de alimentos, que como un susurro digan
al oído: “no te quedes todo, que también es mío”.

Y que los gobernantes que rigen el mundo traten de crear
países fecundos, que trabajen siempre por y para el
pueblo y que por el poder no tengan tanto apego.

Ya estoy acabando mis nobles deseos, mi esperanza
pongo en el mismo cielo, en tanto que arrastro mis viles
cadenas. Pondré con empeño mi grano de arena.

Marciano Lázaro Crespo

Deja un comentario