Villaverde en la Edad Contemporánea (1)

Villaverde en la Edad Contemporánea
Dibujo que recoge la bendición de las locomotoras en Atocha con motivo del viaje inaugural del trayecto de ferrocarril Madrid-Aranjuez. Samuel Urrabieta Vierge (Museo Getafe)

En la Guerra de la Independencia, Villaverde tuvo que suministrar productos y víveres, sufrir los saqueos de las tropas francesas y talar la alameda para suministrarles leña.

Ante las necesidades económicas para pagar los gastos del común, los propios vecinos establecieron un acuerdo, en 1819, para aumentar en el cobro un cuarto más en cada cuartillo de vino y otro en la libra de carnero y vaca, para con su beneficio pagar al médico, al cirujano y al maestro de primeras letras.

Según el Diccionario de Miñano, en 1828 contaba con 150 vecinos y producía granos y “algún vino”. En su Estadística de la provincia de Madrid de 1835, Antonio Regàs dice que la principal riqueza del pueblo es la agricultura, dedicada a los cereales y legumbres. En total 11.580 fanegas, desglosándolo como sigue: cebada, 8.420 fanegas; trigo, 2.200 fanegas; avena, 90; y centeno, 40; de legumbres, 9.060 (la mayor parte de garbanzos). De los huertos, unas 34 fanegas. La ganadería era escasa, registrando 450 ovejas.

La Plaza Mayor de Villaverde
La Plaza Mayor de Villaverde, antes Plaza Constitucional. R2hox

Los vecinos de Villaverde carecían de suficiente agua potable y tenían que abastecerse de la que traían los aguadores de Leganés, que les salía bastante cara porque cobraban 25 maravedíes por cántaro. Se decidió construir una fuente, que les costó 60.514 reales. Tiene un pilón octogonal y dos caños. Se inauguró en 1842, y fue un día de fiesta para el vecindario, en el que se corrieron toros con rejoneadores. Desde entonces, la plaza de la fuente se llamó plaza de Isabel II (hoy plaza de Ágata), reina que aportó una cantidad económica para su construcción. El actual espacio de la plaza se llamaba La Cigüeña, y tenía un pequeño manantial de agua potable, insuficiente para las necesidades de la población. Aquí se encontraba el único lavadero del pueblo: hacer la colada costaba 25 céntimos, y estuvo vigente hasta 1939.

En 1849 (Diccionario de Madoz) pertenecía al partido judicial de Getafe. Tenía ganadería lanar, cabrío, vacuno y mular. Contaba con dos molinos harineros y cuatro fábricas de hornos de tejas. A mediados del siglo XIX había varias haciendas y mansiones de recreo de los nobles, que vivían en Madrid, pero pasaban en ellas largas temporadas.

La Nave Boetticher
La Nave Boetticher, hoy. Zarateman

Momento importante en la historia de Villaverde fue la inauguración del tren a Aranjuez en 1851 por Isabel II, ya que hacía paradas en varios puntos del término. Se convierte así en zona de paso y en lugar privilegiado para la industria por su proximidad a Madrid, por las buenas vías de comunicación por carretera y por ferrocarril con la capital y por tener mucho suelo disponible y llano. Las primeras industrias que se instalan van a ser las relacionadas con las vías férreas. La Compañía Euskalduna estaba instalada en Villaverde en 1933, y producía materiales para el ferrocarril, de fundición, mecánicos, metálicos, navales, construcción de coches-cama, grúas, hormigón armado, talleres, calderería, mosaicos, tranvías, turbinas, vagonetas y vagones. Otras industrias que se fueron creando, a partir de los años 40, fueron Cerámicas Romero y Boetticher-Navarro en 1942-43, ésta de fabricación de material pesado para la industria hidroeléctrica, ascensores y calefacción, absorbida por la empresa alemana Thyssen en 1984. Marconi se instaló en 1945, dedicada a los aparatos de radio-electricidad; Standard Eléctrica (en el kilómetro 9 de la carretera de Toledo) en 1926; Barreiros en 1954, fábrica española de motores y tractores, sustituida luego por Renault, Hierros Madrid, Chrysler, etcétera. En los años cuarenta se implantaron asimismo instalaciones militares como el Parque Central de Ingenieros y la Escuela y Talleres del Ejército.

Se reparó la Casa Consistorial en 1860, con un coste de 7.597 reales. Por esa fecha los nombres de las 16 calles y dos plazas que había en la villa eran: Real de Pinto, Vieja de Pinto, De la Iglesia (hoy Oxígeno), Empedrada, Del Hospital (hoy Asfalto), Del Baile (hoy Albino Hernández Lázaro), De Atocha, De las Covachuelas, De los Palomares, De la Fuente, Del Barco, travesía del Barco, Del Malvecino, callejón del Malvecino, De las Párvulas, Sal Si Puedes, Plaza Constitucional (Mayor) y plaza de Isabel II (hoy Plaza de Ágata). Solo había una empedrada, las demás estaban de tierra.

En 1889, según Montero de la Cruz, “Villaverde de Madrid” tenía 300 vecinos (1.200 habitantes), 621 varones y 579 mujeres, 5 eran extranjeros. En 1892 tenía dos fuentes y una industria vinícola con 92.000 cepas, que producían 40.250 kilogramos de uvas, de las que sacaban 19.400 litros de “regular calidad”. En 1900 contaba con 1.388 habitantes.

Las fiestas que se celebraban a finales del siglo XIX eran: el 20 de enero San Sebastián en la ermita que estaba a la salida del pueblo, frente al jardín del conde, y como era costumbre se repartía pan, vino y queso a los asistentes; el 30 de noviembre celebraban la fiesta del patrono del pueblo, San Andrés; el 16 de agosto, San Roque en la ermita donde luego harían el cementerio. En la fiesta del Corpus Christi los jóvenes preparaban todos los años una danza.

Había escuela de niños, de niñas y para adultos, costeadas por el Ayuntamiento. Según Montero de la Cruz solían asistir 90 niños, 70 niñas y 40 adultos. Más del 90% de la población sabía leer y escribir.

Por esa época gustaba el teatro, y los juegos más populares eran el mus, la brisca, el tute, el tresillo, el dominó y el billar. También disfrutaban de los encierros, desde la calle del Baile, hoy Albino Hernández Lázaro, hasta la Plaza Mayor, pasando por la calle del Barco. Las capeas solían hacerlas en la plaza Parvillas.

Era un pueblo esencialmente agrícola. Destinaban 5.900 fanegas al trigo, centeno, cebada, avena, garbanzos, guisantes, habas, algarrobas, melones y sandías. A hortalizas de todas clases destinaban 120 fanegas, que vendían en Madrid. Tenía 92.000 cepas que producían unos 40.250 kilos de uva, equivalente a 19.400 litros de vino de regular calidad. Solo quedaba un tejar en 1891, de los seis que hubo antiguamente.

A principios del siglo XX la mayoría de las tierras de Villaverde pertenecían a terratenientes o nobles que arrendaban a los agricultores del pueblo. Entre los nobles destacaban por sus fincas el duque de Híjar, el conde de San Rafael, la condesa de Teba y el marqués de Vozmediano. D. Alberto Palacios tenía una finca de recreo situada en la calle del mismo nombre. Después de la Guerra Civil sus herederos la vendieron en parcelas.

En los años 20 del siglo XX surgen los barrios de Los Rosales y Oroquieta, que debe su nombre a Francisco Oroquieta, dueño de los terrenos. Después de la Guerra Civil, miles de personas emigran del campo a las ciudades y se instalan muchas de ellas en Villaverde, ante la posibilidad de un puesto de trabajo en la industria, lo que hace que aumente considerablemente su población. Se construyeron entonces, a partir de los años 50-60, San Cristóbal, Villaverde Bajo, Ciudad de los Ángeles y, en los años 90, nuevos barrios como Los Rosales, Butarque y El Espinillo. Desde los años 50 dejó de ser agrario y se convirtió en industrial.

JULIO HERNÁNDEZ GARCÍA

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