Versión libre del ‘Necronomicón’

Necronomicón

Otra vez he vuelto a padecer el mismo sueño: de repente aparecía caminando por un hermoso lugar en el cual ejercía de observador durante el transcurso de los años, contemplaba pasiva e impotentemente cómo los gobernantes iban oprimiendo cada vez más a su pueblo, les asfixiaban con duras restricciones e impuestos de toda índole que poco a poco les conducían a la miseria, succionaban su dinero con el mismo apetito que un parásito hace con su huésped convirtiéndolo en un cadáver después de un largo suplicio.

Cualquier excusa era válida para justificar el escarnio: tasas ecológicas de todo tipo; impuestos al azúcar, a los alimentos, a los combustibles, a la renta, al patrimonio, a las energías, al reciclaje, a la pintura, a las basuras; multas por el tránsito de personas, por el tránsito de mercancías, por la nocturnidad, por cambiar de provincia, por cambiar de barrio. Los políticos no tenían miedo a contradecirse ni a caer en lo absurdo, ni siquiera a mentir abiertamente, ya que a través de los medios de comunicación que tenían a su servicio y que financiaban con dinero público justificaban todos sus desmanes. La gallina de los huevos de oro eran los coches, los combustibles y las energías, cosas que sabían que la gente necesitaba a diario. Sin venir a cuento se fue aumentando el precio de los combustibles, en unos pocos meses se subió más de veinte céntimos el litro del diésel o la gasolina, se impusieron peajes en las carreteras nacionales, se colocaron infinidad de radares móviles por todos los rincones del país a través de los cuales se multaba por sobrepasar los 30 o los 20 kilómetros por hora, era pintoresco ver cómo se recaudaba a manos llenas en lugares donde jamás había habido ningún accidente y ahora el circular a 21 kilómetros por hora era sancionado, e imposible de evitar para todo aquel o aquella que tuviera la desgracia de pasar por esos puntos. Estos abusivos impuestos se justificaban argumentando que se aplicaban sobre combustibles contaminantes, sin embargo las energías limpias se gravaban todavía mucho más despiadadamente aplicando subidas desorbitadas y continuas al precio de la luz, cosa de la que nadie podía evadirse, condenando de ese modo a infinidad de personas a padecer necesidades tales como reducir el consumo de alimentos básicos para poder pagar la factura de la luz, o en invierno pasar frío, haciéndoles enfermar gravemente al no poderse calentar, o en ocasiones incluso les conducía a la muerte.

Se creó una alternancia de poder premeditada que a lo único que conducía era a que una vez se lo llevasen unos y al poco tiempo los otros. La población vivía engañada vilmente al creer que eran ellos quienes elegían a sus dirigentes, sin embargo todas las elecciones estaban manipuladas a través de una serie de votos a distancia que no auditaba ningún interventor.

Se convirtió en una quimera la atención a las personas en cualquier organismo estatal: todo se hizo de forma telemática, de forma que quedaba atrapado en una burocracia sin fin. Nos chantajearon otros países, metiendo gente y gente y más gente que acabaron por dinamitar nuestros sistemas sociales. Los prestamistas exteriores una vez cumplido su objetivo dejaron de prestarnos dinero y se entró en suspensión de pagos, se eliminaron las pensiones, los salarios de los funcionarios y en general de todo lo público, se incautó el dinero privado que tenía la gente en los bancos y el caos reinó, devorándose los unos a los otros, ya que nuestros dirigentes habían creado tal odio que todos se detestaban, se repudiaban, se aborrecían y se mataban los unos a los otros.

Este claustrofóbico sueño se me repite día tras día y cada vez me dura más. Sé que tarde o temprano me quedaré atrapado dentro de él. Dios me asista cuando esto pase, puesto que ello querrá decir que estaré condenado como aquellas pobres gentes.

DAVID MATEO CANO

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