Una historia para reflexionar, también en Villaverde

Aeropuerto Seve Ballesteros
Me comentan unos vecinos del barrio Los Rosales en  Villaverde que este verano fueron a Santander en avión y les extrañó el nombre del aeropuerto cántabro: Seve Ballesteros. Antes de 2015 se denominaba Parayas, como el lugar donde se encuentra, perteneciente al municipio de Maliaño.

Ajenos al golf, mis vecinos ignoraban quién era el supercampeón mundial Severiano  Ballesteros (1957-2011), internacionalmente conocido como Seve. Este año se ha publicado en Madrid el libro Querido Seve, escrito por Baldomero Ballesteros, su hermano mayor. El texto trasciende lo meramente deportivo. Cuenta la verdad de una historia que es mucho más que la de un famoso jugador cántabro de golf y que complementa la información  de la Autobiografía del golfista cántabro, publicada en 2008, también en Madrid, tres años antes de su fallecimiento víctima de un tumor cerebral. Baldomero Ballesteros se refiere también al enfrentamiento con todo detalle entre la familia de Seve y la de su mujer, diciendo en cuanto al libro: “Ojalá no me hubiera visto obligado a sacarlo a la luz, pero el público tenía que conocer la verdad. Cómo y quién realmente fue Severiano Ballesteros, lo mucho que logró y lo mucho que sufrió”.

Por su valor humano, creo que esta historia no solo interesará a mis vecinos de Los Rosales, que así sabrán quién era Seve, sino también al resto de Villaverde. Se narra la vida de una persona, no de un personaje, que amaba y prefería la vida en Pedreña, el pueblo donde había nacido y donde pudo ser feliz en los últimos años, si su matrimonio con una mujer, hija de un banquero y reticente a tratar con la humilde familia del marido, no lo hubiera impedido. Él se sentía a gusto con la gente sencilla de su pueblo. Allí se depositaron las cenizas de Seve, junto a su árbol preferido: magnolio.

Amaba el deporte lo mismo que la vida. Creía que la vida era dominar las emociones, las positivas y las negativas. Y nos deja un mensaje, válido para todo el mundo: “las cosas no se intentan, las cosas se logran”. Lo decía quien había conseguido muchos triunfos en el mundo del golf, pero no en el matrimonio, a pesar de ser padre de dos hijos y una hija, que llegaron a no estar a su lado ni de su lado. Sabía por qué se había separado, pero no por qué se casó, aunque es fácil imaginarlo. Merece la pena reflexionar, antes de dar pasos decisivos, como es el del matrimonio.

España era en 2018 el segundo país europeo con mayor tasa de divorcios. Seve se divorció en 2004, después de 16 años de matrimonio. El número de matrimonios ha descendido en los últimos años. Se disuelven anualmente unos 100.000 matrimonios. La custodia compartida con los hijos no llega al 30%. Seve la ejerció con los suyos.

CARLOS RODRÍGUEZ EGUÍA

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