Un poeta andaluz en Villaverde

Antonio Muñoz Frías
Antonio Muñoz Frías, vecino, ferroviario jubilado y escritor, nació en 1926 y lleva 63 años en el Distrito. Hombre encantador que a base de esfuerzo supo abrirse camino desde una dura infancia, nos cuenta parte de su apasionante experiencia vital en una entrevista.

Antonio Muñoz Frías, ferroviario jubilado y escritor, se define como “un malagueño, malagueño, que no ha entrado todavía en Madrid, y eso que ya llevo 63 años aquí”. Desde luego, doy fe de que este vecino, nacido en 1926 y originario de Comares (Málaga), mantiene intacto el alegre, casi musical acento que uno identifica con aquellas tierras soleadas.

De familia de campesinos y de izquierdas, la Guerra Civil y la caída de su pueblo en manos del bando fascista en febrero de 1937 no pudo menos que traerles la tragedia, en forma del asesinato de su padre y de uno de sus hermanos y la obligatoria huida de otro de ellos, miliciano, que hará toda la Guerra Civil y después la II Guerra Mundial en el Maquis francés. Quedan en Málaga su madre y los otros cinco hijos pequeños (entre ellos él mismo), y conocen íntima y personalmente el hambre.

Tras probar una temporada de lechero, su abuela consigue colocarle de monaguillo en la iglesia de San Juan. “Se me acabó pasar hambre”, comenta sonriendo; “ya como y duermo bien, pues dejo de dormir en el suelo. Allí pasé unos años muy buenos, hasta los 15 o así… A esa edad el mismo párroco, Don Emilio, que se portó muy bien conmigo, me coloca en una tienda de mandadero, pero no me gustaba: yo quería más movimiento. Entonces la sobrina del cura me dice: ‘Muñocito, nosotros tenemos un tío que es jefe en la Renfe’… Me da el teléfono y llamo cada cinco minutos hasta que por fin le localizo”. Le cita al día siguiente, y le indica que no diga a nadie su edad, pues en teoría no podían admitirle siendo menor de 18 años. Así empieza a trabajar en Renfe en Málaga, en 1943.

Antonio, ¿y cómo acabaste en Villaverde?

Bueno, años después, si no recuerdo mal en 1951, nos declararon a mi hermano Vicente, que también se había colocado en Renfe, y a mí “sobrantes” en Málaga, dándonos a elegir dos talleres: Villaverde Bajo o Barcelona – Pueblo Nuevo. Elegimos Villaverde porque había un expreso que se llamaba “Costa del Sol” que bajaba a Málaga, y como trabajábamos hasta el sábado, esa misma noche cogíamos el “Costa del Sol”, nos llevábamos la ropa, pasábamos en Málaga el domingo, y por la noche nos volvíamos.

Hay que decir que en Málaga nos dan como “sobrantes” a nosotros alegando que éramos solteros, pero luego nos enteramos de que cuando llega la documentación aquí al taller de Villaverde aparece mi hermano Vicente con dos cruces rojas y yo con una, advirtiendo que tengan mucho cuidado con nosotros porque somos dos comunistas muy peligrosos. Mi hermano ya era vocal en Málaga del Partido Comunista, pero yo no lo sabía, me enteré después [risas]. Cuando llegamos, nos llama el jefe de personal, quien nos recibe, nos da un abrazo, lo que nos sorprende, nos lleva al archivo y nos dice: “habéis tenido mucha suerte, porque el jefe de personal del taller, que soy yo, es vocal del Partido Comunista de la agrupación de Renfe”. Él nos puso en contacto con toda el área. Aquí, como había mucha fábrica, había también muchos comunistas: era rara la mañana que no amanecían las calles sembradas de octavillas.

¿Cómo era esto entonces?

No había ni agua ni luz. De mi taller salía un arroyo, y allí iban las mujeres a lavar. Desde la estación hasta el metro todo era campo, y además donde está el MediaMarkt había una charca muy grande que era un problema en el invierno. Procurábamos, cuando íbamos por la tarde a comprar algo a Madrid, venir antes de que anocheciera porque había piedras puestas en la charca para ir pasando, y tenías que verlas.

Había casitas pequeñas bajas de los que venían aquí a trabajar. Había mucha gente de La Mancha, de Soria… y un terrible problema de la vivienda. Yo estuve un par de meses “de patrona”, y luego me mandaron a trabajar en la línea, fuera de Madrid, en la reparación de puentes. Por eso el ferrocarril lo conozco casi todo: he trabajado desde Algeciras hasta muy cerca de Bilbao. Éramos cuatro o cinco brigadas, y cada una llevaba un jefe de equipo y cuatro operarios. Teníamos un vagón vivienda, un vagón comedor-almacén y un vagón taller. Así conocí a mi mujer, en Despeñaperros: era hija de un guardagujas. Después, recién casado y creo que con mi mujer ya embarazada, el señor Ramos, un jefe del que me hice muy amigo, me dijo que en cuanto se quedara una vivienda vacía en los pabellones me la darían a mí para que antes de que naciera el hijo estuviéramos bien acomodados. Me dieron una en el otro pabellón, y aquí estoy: llevo 63 años viviendo aquí.

¿Cómo empezó tu militancia política?

Yo venía ya de Málaga muy politizado, aunque aún no militaba en organizaciones: empecé ya aquí. Conocimos a unos compañeros del servicio eléctrico que eran comunistas, y a través de ellos contactamos con un juez que estaba desterrado en Vilches (Jaén) y venía a Madrid de sábado a lunes. Ese juez nos dijo un día que había organizado un coloquio con Tierno Galván, al que entonces ya habían echado de la universidad. Era en Alcázar de San Juan, fuimos todos y de allí ya salimos apuntados al Partido Socialista del Interior, que años más tarde cambiaría su nombre por el de Partido Socialista Popular [y en 1978 se integraría en el PSOE, pero ya sin Antonio].

Tiempo después organizamos Comisiones Obreras en nuestro taller. Para ello me dijo mi hermano: “preséntate tú, que tienes más calma. Además saben que soy comunista y a mí no me van a votar”. Me votó el 99% de los 104 empleados, lo nunca visto.

¿Cuándo comenzaste a escribir?

Después de pasar hambre, cuando ya me meten de monaguillo, resulta que conozco a una señora de unos 40-50 años, ganadera y con mucho dinero, que tiene un único hijo, loco, en un manicomio de Málaga. Esta mujer viene a San Juan todos los días a misa antes de irse al manicomio a pasar el día con su hijo, y nos trae a los monaguillos un bocadillo, con la escasez de pan que había, porque cogía en el hotel el pan que dejaban los clientes y nos hacía los bocadillos. Agradecido, yo le hice un poema. Ahí empecé, y el último lo he escrito esta madrugada.

¿Practicas otros géneros? ¿Qué temas te inspiran?

Me gustan mucho también los relatos, y los escribo. Tengo tres premios de relatos. Siempre me ha inspirado mucho la niñez, los niños humildes… También tengo relatos políticos… Y me gusta escribir mucho sobre el amor. Ahora me han hecho un libro unos compañeros porque tengo metidos en el ordenador 332 sonetos. Tengo ya publicados unos ocho o diez libros de poesía, de los que el último es éste que te digo de los sonetos. El anterior me lo hizo el Ayuntamiento de Rincón de la Victoria, y se titula Con los poemas al hombro. En prosa tengo publicado uno de relatos, todos muy comprometidos. Mi poesía también es muy comprometida.

¿Cómo ves hoy Villaverde?

Funesto, porque han nacido barrios nuevos preciosos, señoriales… pero hay un barrio en Villaverde Bajo, Los Rosales, donde yo vivo, que está abandonado y es una pena. Hay calles en las que hace un mes que he visto una colilla en el suelo y sigue ahí… Yo no la cojo, no sea que me vaya a infectar de algo, pero eso quiere decir que hace un mes que no limpian. Y mi calle, que se llama Eduardo Maristany, con eso de que si no es del Ayuntamiento, que si es del ministro o de quien sea, no hay quien la barra.

ROBERTO BLANCO TOMÁS

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