Samuel Zamorano Cauto, poeta y vecino de Butarque, acaba de publicar «Solo si la vida es salvaje»

Samuel Zamorano Cauto

“La poesía se padece, y de ella no hay quien se cure”

ROBERTO BLANCO TOMÁS

Samuel Zamorano Cauto es un tipo sencillo, amante de las cosas diferentes, “siempre atento al destello de lo único”. Soñador, vagabundo y bohemio: “un navegante sin brújula con espíritu nómada”. Lleva la poesía en la sangre. Vive en Butarque con su mujer y sus dos hijas, a las que define como “mis tres mujeres memorables”, y acaba de publicar un poemario titulado Solo si la vida es salvaje, con muy buena acogida por parte de la crítica.

Sabemos que la poesía ocupa un lugar muy importante en tu vida… ¿Por qué este género literario?

Sí, la poesía ocupa un lugar importantísimo en mi vida. Siempre estoy escribiendo algo. Siempre llevo algún verso guardado en el corazón, listo para desarrollarlo y convertirlo en poema. Además me encuentro en una etapa de mi vida muy creativa, muy bonita. Elegí la poesía para expresarme porque nací poeta, y eso es algo que uno no decide. El verdadero poeta nace, y luego se hace. La poesía se padece, y de ella no hay quien se cure. Como dijo aquella poetisa, Ana de Valle, “ser poeta es tener siempre a las puertas del alma un doloroso sentir que nos viene del mundo”. La poesía es. Y yo soy con ella.

Además, creo sinceramente que la poesía es el género más alto, noble, bello y misterioso de la literatura. Incluye el universo en un diamante. Aspira al infinito desde la síntesis. Resuelve el mundo en una metáfora.

¿Cómo empezaste a escribir?

Empecé a escribir versos con 17 años. Antes ya escribía relatos o cuentos sobre cosas que me gustaban. Pero la poesía despertó en mí con 17 años, fruto de las letras de las canciones de los artistas que a mí me gustaban. Me hubiera encantado ser músico. Al principio yo creo que escribía letras de canciones, pero luego me di cuenta de que lo que nacía verdaderamente de mí eran poemas. Siempre me gustó leer también. Y poco a poco fui puliendo mi estilo, buscando una voz propia, encontrando mi sitio. Para escribir poesía siempre tuve presente aquella máxima del maestro Jorge Luis Borges: intentar cruzar verdad y belleza en mis versos. Por tanto, comencé a escribir poesía por una necesidad de expresarme, y a medida que fui creciendo supe que era una pasión mía irrefrenable y sentí la necesidad imperiosa de desarrollarla cada vez más. Hoy sé que no pararé hasta encontrar el verso más bonito de mi vida.

Cuéntanos brevemente tu trayectoria hasta la fecha…

Me gusta mucho escribir. Desde siempre. Para mí es una pasión. En cuanto tengo un rato libre me descubro escribiendo algo. Tengo publicados dos poemarios y un ensayo sobre otra gran pasión mía: el arte de la cetrería. Hace aproximadamente cuatro años escribí el primer monográfico en España sobre la caza de la perdiz roja con halcones, modalidad que llevo practicando ininterrumpidamente desde hace veinticinco años. Aparte, publiqué mi primer poemario, Viaje por el corazón desorientado, y este último que acaba de salir al mercado, Solo si la vida es salvaje, ambos con el prólogo de mi amigo Ángel Antonio Herrera, para mí, sin discusión, el mejor poeta español contemporáneo de largo. De muy largo. Aparte de todo esto, he escrito artículos en las más prestigiosas revistas de caza y de cetrería de España.

¿Qué encontrarán nuestros lectores en Solo si la vida es salvaje?

Creo que es ante todo un poemario bonito. Una colección de poemas cuidados, misteriosos, que buscan la belleza y la verdad en cada verso. Sin ninguna duda, se trata de un poemario sincero, repleto de imágenes donde creo que el lector sensible disfrutará de un bonito rato de lectura. Si algún poema, algún verso, toca el corazón de alguien que necesitaba leerlo, ya habrá merecido la pena haberlo escrito y yo me consideraré plenamente satisfecho. Larga vida a la poesía, al verso y a las palabras escandalosamente bellas. Detrás de cada verso de Solo si la vida es salvaje hay una persona que es un poeta de verdad.

El título es de lo más sugerente… Háblanos un poco más de su significado…

El título de este libro, Solo si la vida es salvaje, es en realidad una metáfora. Alude a mi entendimiento de cómo se ha de vivir la vida. Y es poniendo el alma y el corazón en todo aquello que haces, en todo aquello que amas. Hay que luchar por los sueños. Vida no hay más que una, y la vida pasa. El tiempo no vuelve. Sigo a rajatabla aquella máxima de Confucio: “Dondequiera que vayas, ve con todo tu corazón”. También esa otra ley de Henry Miller: “La vida no se vive. Se devora”. Aparte de todo esto, me gusta la vida salvaje. Literalmente.

Actualmente estás de gira presentando este trabajo. ¿Cómo lo está recibiendo el público?

Efectivamente, con este poemario y en este momento de mi vida, me apetecía salir a defender estos versos haciendo una pequeña gira de presentación. Afortunadamente, existe un pequeño circuito de bares donde un poeta puede  recitar sus versos y presentar su obra. Por supuesto, partiendo de que la poesía es algo minoritario y tienes que trabajar mucho para conseguir un espacio en el que se te escuche y que la gente venga a verte. Pero no me puedo quejar. Hay un público al que le gusta lo que escribo y al que le gusta el tipo de recital que doy, un recital más teatral. Recito muy concentrado. Desde aquí animo a todos a venir a verme. No quedarán indiferentes.

He recitado en Aleatorio bar, que actualmente es el templo de la poesía de Malasaña. También en la Casa del Lector – Matadero Madrid. El 16 de febrero recito en la sala más mítica de Madrid: El Búho Real, y prácticamente todos los meses tengo mi recital en Aleatorio Bar.

¿Cómo es tu relación con Villaverde?

Soy vecino de Villaverde, concretamente del barrio de Butarque. Hago mi vida aquí. Soy un tipo normal. Me gusta el barrio, un barrio humilde, de gente sencilla. Me gusta llevar a mis hijas al colegio por la mañana, recogerlas a mediodía, comprar el pan, pasear por el bulevar y sentarme a tomar el aperitivo en alguna terraza con mi mujer y mis hijas, pasear por el parque con el perro… En fin, una vida de alguien normal, sencillo y humilde. Que siempre lleva un verso en su corazón.

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