Re-votando

ROBERTO BLANCO TOMÁS

Hala, venga, todos a votar (o no) otra vez. Cada cual quiere pillar todo el pastel que pueda, no se ponen de acuerdo, y en ese plan… “No queda sino batirnos”, decía Quevedo al Capitán Alatriste en la novela de Pérez-Reverte; “No queda sino votarnos”, dicen nuestros políticos. Total, cuatro elecciones en cuatro años, con el país en constante campaña electoral, lo que además resulta asaz cansino.

Pero, contra la moda a la que se han apuntado los todólogos que anidan en los mass media, yo no voy a señalar culpables, pues creo que este fenómeno es fruto lógico de la forma que tenemos de organizarnos.

Evidentemente, el hecho de elegir representantes y que éstos tengan carta blanca durante cuatro años, sin rendición de cuentas políticas, y encima en unas condiciones económicas y laborales más que envidiables, facilita la separación del ciudadano del ámbito en el que se toman las decisiones y la creación de una élite (la denominada “clase política”), habitante de una “realidad paralela”, que vive ajena a los problemas de la calle, únicamente atentos a “lo suyo”. Un fenómeno que además se autoalimenta, fomentando que la única participación política de la población gobernada sea meter una papeleta en una urna cada equis tiempo.

Esto no es demasiado democrático, y ahora además ni es eficaz: en esta última y brevísima legislatura, leemos en el 20 Minutos del 24 de septiembre, “el Parlamento sólo ha aprobado una reforma legislativa —que estaba pendiente del periodo anterior—: la reforma del Estatuto de Autonomía de Murcia. Más allá de eso, no hay leyes nuevas”. Eso es lo que ha avanzado el país en este periodo.

Y hombre, pues mosquea… Porque (seguimos con el 20 Minutos) un diputado “raso” cobra 2.972 euros netos al mes. Si lo es por una provincia distinta a Madrid, percibe otros 1.800 en concepto de alojamiento. Así, la legislatura termina con un gasto en salarios de 5,2 millones. “Cada diputado ha percibido en este tiempo un mínimo de 14.860 euros, porque en muchos casos el salario es más elevado”.

Además, como se disuelven las Cortes, todos los diputados tienen derecho a pedir una indemnización “equivalente a 47 días de su sueldo y a los días que van desde el día después de la disolución del Congreso”, siempre que no tengan otros ingresos o que no renuncien a ella. Y encima, como apuntaba El País dos días antes, las nuevas elecciones van a suponer otros 167 millones de gasto.

En fin, no sé cómo lo ven ustedes, pero si esto está así, yo creo que toca ya buscar entre todos otra forma de organizarnos. Por proponer, ya que estamos asentados en la ilógica, Borges imaginaba en su relato La lotería de Babilonia un territorio en el que todo se decidía por lotería (“Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles […] Debo esa variedad casi atroz a una institución que otras repúblicas ignoran o que obra en ellas de modo imperfecto y secreto: la lotería”).

Es broma, pero seguro que mejor que ahora nos iba, porque vaya tela…

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