Preocupación

Preocupación
La sociedad se encuentra reflejada de puntos de admiración y suspensivos en los barrios alejados de la gran ciudad. No es por la contaminación, sino por respirar plácidamente, y a cambio se acumulan signos desfavorables por estar siempre en tensión.

No hay mayor comprobación, de tener en el propio hogar, rodeado de una inmensa nube que hace que se extienda, y los problemas a solucionar se convierten en el pan nuestro de cada día. Con solo salir a la calle para las labores a desempeñar con la movilidad reducida, me encuentro inmerso en un nivel de preocupación por la demanda del bienestar social.

La seguridad ciudadana es de mayor relieve de estar en el punto de mira. Hay mayor interés cuando se usa el transporte público y se tropieza con alguien o en alguna avenida con algún afectado de ser agredido para cometer el robo. Es el caso de un pensionista de 92 años al que habían sustraído lo poco de valor que llevaba encima. Mi llamada de atención es por asistir a una charla de la Policía sobre consejos de seguridad para personas mayores, participando en la convocatoria por considerarme una persona madura y sensata.

Los agentes, con todos los detalles de la delincuencia, nos abrían los ojos: siempre desconfiando cuando algún extraño llama a nuestro domicilio con las mejores pretensiones de dar euros por céntimos; evitar las aglomeraciones en cualquier lugar estable y no ponerlo fácil a los ladrones en las fechas concurridas; no acudir solo a las entidades bancarias, siempre acompañado, porque el que comete el latrocinio se fija en las limitaciones y son presas de mejor captura; en cualquier entrada de metro de mínimos viajeros, ser atacado por el método “mataleón”, en el que se oprime la respiración, se pierde el conocimiento y el ladrón sale a sus anchas con el botín recaudado. Para conocer mejor el contenido, nos mostraban los agentes vídeos grabados para mayor alerta de la forma de actuar en los actos delictivos.

Y nos siguen preocupando mucho más: el empleo para cualquier edad hábil de trabajar; la vivienda acompañada de desahucios y ocupaciones ilegales; la sanidad por las listas de espera: la educación para nuestros hijos; la droga, el alcohol y los juegos de azar con rostros desfigurados; la corrupción de los que ejercen el mando; el abandono, el trato y las residencias a nuestros mayores; la pobreza, marginación y exclusión social (8,5 millones de personas excluidas en España, 1,2 millones más que hace una década)… Son tantas preocupaciones que todas llevan a la misma dirección de la desesperación. Nadie está a salvo de los acontecimientos que nos hacen ser unos desafortunados.

Dichosos los que tienen planificadas las vacaciones por salir de la monotonía y cambiar de aires, no importa el precio a más de los combustibles y, por el lado negativo, la resignación de conformidad por el lugar señalado por quedar en nuestros barrios. Me quedo con lo bueno por no pasar por el robo, engaño y traición, por ser considerado como un privilegiado.

Feliz descanso, y hasta pronto a todos los lectores del periódico Distrito Villaverde, que mensualmente la información es detallada para dejar a gran distancia la preocupación.

G.T.S.

Deja un comentario