Nos cuesta hablar de emociones con los hijos

Sé que estamos pasando por momentos de dificultad por todo lo que estamos viviendo, quizás has perdido algún familiar, o quizás te falta tiempo para teletrabajar y atender a tu familia; en fin, a día de hoy para nadie es nuevo que la vida nos ha cambiado por completo. Es por eso que quiero compartir contigo herramientas para hacerte la vida un poquito más fácil día a día.

A la hora de educar a los niños, cada vez se habla más de la educación emocional. Se trata de un proceso mediante el cual madres, padres y educadores, en general, ayudan y enseñan a los niños a conocer y reconocer las emociones básicas en uno mismo y en los demás, así como a autorregularse emocionalmente ante situaciones adversas o conflictivas.

El primer paso es empezar por ti: tú eres su mejor maestro para descifrar su mundo interior. Recordemos que educar no se trata solo de decir palabras, sino que cada acto queda marcado en su memoria, aún más si este recuerdo esta sellado por una emoción. Nuestra labor es convertirnos en expertos emocionales, es conocer cuáles son las emociones básicas y sus principales funciones. Por ejemplo, conocer que el miedo es una emoción básica cuya función principal es paralizar y así evitar un peligro potencial; también nos puede impulsar a crecer por miedo a los acontecimientos del futuro.

Una vez que conocemos las emociones básicas, debemos aprender a reconocerlas, tanto en nosotros mismos como en los demás; es decir, ser capaces de saber qué emoción estamos experimentando en un momento dado o poder reconocer la emoción de tristeza o rabia en los demás a través de su gesto facial, su cuerpo, su lenguaje, etc. El cuerpo siempre nos habla, él es la primera voz de alerta para empezar la observación y de ahí la autorregulación.

Aprender educación emocional nos ayuda a vivir una vida más tranquila, te da la posibilidad de tener el control en todo momento de tus actuaciones y así evitar que la emoción de la rabia o incertidumbre colapse tu vida y te arrastre a un mar de tristeza, donde la única salida es huir. En definitiva, la persona con una buena educación emocional es aquella que da respuestas adaptativas ante los diferentes obstáculos de la vida, sabe reponerse y tiene un buen manejo de sus emociones.

A continuación te dejo cuatro ejercicios para realizar con tus hijos, y así desde el juego enseñarles autorregulación.

— Ejercicio 1. Dibuja caras con las emociones: puedes dibujarlas junto a tu hija o hijo, ponerlas en un sitio visible en casa y cuando ocurra algo acudir a ellas y practicar su identificación.

— Ejercicio 2. Ponte como el mejor ejemplo. Los niños aprenden de cómo actúan sus padres; cuéntale cómo te sientes en algunas situaciones.

— Ejercicio 3. Cuando estés leyendo algún cuento identifica las emociones: qué sienten los personajes, etc., y luego pídele que haga lo mismo.

— Ejercicio 4. Anímale a averiguar los motivos que hay detrás de sus emociones, ya sean de enfado, tristeza, miedo, etcétera.

¿Te parecen divertidos? Ponlos en práctica y luego me comentas los resultados.

Gabriela Araujo

Centro de Ayuda a la Familia. En Familia Sentir-Pensar-Actuar.

C/ Orovilla, 54. Ciudad de los Ángeles.

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