No está mal

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FOTO: IU

Pues no, la verdad es que no está mal la cosa: la incidencia acumulada de la COVID sigue bajando, así como los ingresos y la ocupación de las UCI, a lo que hay que añadir que estamos rozando ya el casi mítico 70% de población vacunada, todos ellos elementos de un cuadro que pinta bastante mejor que el final del verano del año pasado. A ver, no es que esto se haya terminado ya; y tampoco quiero pecar de optimista, de ahí lo contenido del titular, pues basta que uno eche las campanas al vuelo para que llegue un repunte y lo fastidie; pero creo que podemos decir que lo peor ya ha pasado.

Así que se me ha ocurrido escribir este artículo para felicitarnos. Porque ya estaba bien de tanto opinador, con gesto avinagrado, abroncando al personal porque “nos hemos relajado demasiado”, o porque “la gente joven no-sé-qué”, o que si “las fiestas ilegales no-sé-cuántos”. Es cierto que siempre y en todas partes hay y habrá inconscientes, pero yo lo que he contemplado en general ha sido cómo la gente se ha comportado más o menos bien, siguiendo las medidas dispuestas contra la pandemia y tomando las precauciones necesarias. Y eso ha tenido su efecto en la bonanza de las cifras.

Así que enhorabuena a todos y todas, pues se han vuelto a demostrar varias cosas buenas. En primer lugar, que el género humano sigue teniendo gran capacidad de adaptarse a los problemas, estudiarlos y resolverlos: a un año y medio de la llegada de la pandemia ya se nota una mejoría, los servicios de emergencia han diseñado procedimientos que funcionan, se han desarrollado varias vacunas y la mayor parte de la población ha recibido las susodichas, lo que constituye todo un éxito. La segunda, que al menos en situaciones de emergencia sabemos comportarnos como es debido, observando una conducta responsable (si no hubiera sido así, no habrían bajado ni la incidencia ni la presión hospitalaria), siendo solidarios con quien lo necesita (hemos visto y seguimos viendo innumerables ejemplos) y conservando la moral alta y el sentido del humor intacto (ídem).

Y destacaré una tercera: si algo ha demostrado esta pandemia ha sido la importancia de la sanidad pública y universal, que sumada a la conducta responsable de la mayoría ha resultado un factor decisivo para frenar la expansión y mitigar el efecto de la COVID. Si el temple que demostraron las personas que en ella trabajan durante los peores momentos ya fue algo realmente alucinante, la efectividad que hemos podido ver en los últimos meses a la hora de administrar las vacunas, convirtiéndolo en un proceso casi industrial y alcanzando unas cifras excelentes pese a todos los problemas que han ido surgiendo, ha sido igualmente para quitarse el sombrero.

Por eso es importante cuidarla y defenderla, pues aún hoy sigue amenazada por quienes pretenden que la salud (y cualquier otro sector al que le puedan echar la zarpa) sea un negocio. No lo permitamos: este mes de septiembre vuelven las movilizaciones en defensa de la sanidad pública también a nuestro distrito (en la página de al lado tienes las convocatorias). Por tu salud y la de todos, acude y difunde.

Roberto Blanco Tomás

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