Las infecciones de garganta

En los cambios de temporada son frecuentes los procesos que cursan con irritación, inflamación e infección de la garganta. Suelen presentarse por enrojecimiento faríngeo y dolor al tragar. En otras ocasiones, además aparece fiebre, cansancio, dolor de cabeza y malestar general. El dolor de garganta comienza en las amígdalas (anginas), son unas agrupaciones de tejido que sirven como primera barrera frente a los gérmenes que entran a través de la vía aérea; y su inflamación está provocada por una respuesta inmune que se inicia frente a los microorganismos, cuando las amígdalas comienzan a producir anticuerpos como reacción fisiológica frente a los gérmenes. En ocasiones, se pueden llegar a inflamar los ganglios cervicales (en el cuello) como parte de la respuesta.

La faringitis (inflamación de la garganta) se puede contagiar a través de gotitas de saliva que se expulsan al hablar, estornudar y toser. Su dispersión, por vía aérea principalmente, es más facilitada en invierno cuando pasamos más tiempo en sitios cerrados. Hay otros factores, como el tabaco y la alergia primaveral, que favorecen la irritación faríngea.

Cuando se inicia un dolor de garganta, los analgésicos comunes (paracetamol e ibuprofeno) pueden servir para aliviar los síntomas, siempre que no estén contraindicados por alergias medicamentosas o por otras patologías. Beber líquidos templados, comer sopa o purés puede facilitar las comidas. Es aconsejable evitar las bebidas muy frías, que pueden causar más irritación.

La mayor parte de las faringitis agudas están causadas por virus (hasta el 80% de los casos), que provocan resfriados comunes o catarros. Por este motivo no precisan de tratamiento antibiótico en una buena parte de las ocasiones. Puede acompañarse de fiebre, exudados faríngeos (puntos de pus blanquecino en las amígdalas), y el dolor de garganta también puede extenderse hasta el oído.

Cuando aparece fiebre alta, o afecta de modo importante a nivel general, se aconseja consultar con el médico para una evaluación más concreta y precisar la necesidad de prescribir un tratamiento. Las manifestaciones clínicas y la forma de presentación más o menos súbita del cuadro son los motivos que guían al médico para orientar acerca del mecanismo causante, y la sospecha de sobreinfección bacteriana inclina a iniciar el tratamiento antibiótico cuando es necesario. Las infecciones por faringoamigdalitis aguda pueden extenderse algunas veces y formar un absceso periamigdalino, siendo necesario drenar el contenido.

Dr. Ángel Luis Laguna Carrero – Especialidad Medicina Familiar y Comunitaria, Máster Medicina de Urgencias y Emergencias, Experto Universitario en Nutrición y Dietética

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