La reina de la selva

rituales para la cosecha
Ahora que se acerca la época de recolección de muchas cosechas, en las cuales los agricultores han depositado todas sus esperanzas de subsistencia después de un duro año de trabajo, me viene a la mente una señora de nombre Elda y de origen boliviano a la que conocí hace un tiempo y a la que perdí la pista poco después, aunque si uno se pone a investigar no es difícil dar con ella, puesto que se hace notar allá donde va, debido principalmente a su gran afición a la bebida y en especial al vino, el cual consume en cantidades ingentes. Tanto, que es difícil encontrarla sobria.

Cuando esta rara circunstancia se da en su vida, las consecuencias para los agricultores de la zona son divinas. Si alguien consigue convencerla para ayudarle a preparar la tierra en el momento adecuado, no se olvidará de ella mientras viva, ya que obtiene unos resultados espectaculares. Elda actúa siempre en solitario: durante días recorre los campos del agricultor examinando minuciosamente la tierra, tocándola, oliéndola, probándola y echándosela por encima. También habla con la Pachamama, como llama ella a la madre tierra, para ver qué es lo que necesita y enterarse de aquello que la oprime. Cuando descubre estos datos, una noche que considera oportuna inicia un ritual chamánico en el que enarbola cánticos, se revuelve en el suelo cubriéndose por completo de arena, y acto seguido vierte unas cenizas (de las cuales nadie supo jamás qué fueron antes de convertirse en cenizas). Cuando está completamente enfangada, se provee de una botella de vino, de la que bebe y escupe a un tiempo, aunque la verdad es que bebe más que escupe.

El ritual dura toda la noche, y Elda termina totalmente borracha, pero aun así consigue hacer una extraña mezcla con la tierra, añadiéndola el contenido unos tarritos de diferentes tonalidades que trae en sus bolsillos, y que a la mañana siguiente entrega al agricultor para que éste los espolvoree siguiendo sus indicaciones de forma estricta. A partir de ahí, los resultados son simplemente espectaculares: se consigue no solo un rendimiento sin parangón en cuanto a la producción se refiere, sino que además mejora el sabor y el aroma de los frutos. Este ritual solo es válido para una cosecha: cuando alguien quiere recurrir a Elda para el año siguiente, ella se niega en redondo o bien ya no está por el pueblo en cuestión, siguiendo las cosechas su curso normal.

Hay gente que ha querido copiar sus rituales, sin conseguir rendimiento alguno. Incluso están los que han llevado parte de las muestras de los tarritos que les entregó Elda poco antes de la recolección de la cosecha a un laboratorio para ser analizadas, pero tan solo han conseguido ver través del microscopio comunidades de microbios, que si bien es cierto que ayudan a absorber nutrientes y minerales del subsuelo, no dejan de estar presentes en cualquier tipo de suelos bien oxigenados.

DAVID MATEO CANO

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