La ‘nueva normalidad’ 

Aquí estamos otra vez, ya recorriendo las primeras etapas del camino que nos llevará a la “nueva normalidad”. Y debo reconocer que me asustaba un poco: terrible ha sido mucho de lo vivido estos dos meses y medio, sobre todo lo referente a la elevada (y aún no cerrada) cifra de víctimas mortales, pero al mismo tiempo también abonaban mi inquietud negros presagios acerca de qué tipo de sociedad iba a salir de todo esto. Cómo esta traumática experiencia podría provocar que nos encerrásemos más en nosotros mismos, volviéndonos más desconfiados, evasivos, huraños, insensibles… 

Afortunadamente, ya desde muy pronto, especialmente desde que se permitieron los paseos, pude ver cómo al fin y al cabo la gente es gente, le suele gustar tratar con otra gente, y hartos del confinamiento en general tendemos a la apertura y la normalización. Aunque las mascarillas no dejan ver mucho del rostro, uno podía adivinar en las miradas la felicidad de estar otra vez en la calle, intuir anchas sonrisas al cruzarnos unos con otros, comprobar por los saludos de los vecinos que en realidad poco ha cambiado y que seguimos siendo barrios unidos ante lo que tenga que venir. 

Es verdad que también se han visto conductas nada edificantes, como ese tipo humano que se ha definido como “policía de balcón”, que centra su atención en lo que hacen los demás para denunciarlo y así acreditar una supuesta superioridad moral que no debe de serlo tanto, ya que vista desde fuera resulta bastante miserable. También están los difusores de odio, a quienes todo les viene bien si les sirve para su fin político, pescadores a río revuelto de más garrulos para engrosar el rebaño. A éstos, ni caso: meten mucho ruido pero en realidad son cuatro gatos, seguidos ahora quizá por cuatrocientos más, y que aunque fueran cuatro mil solo supondrían una diminuta manchita entre los millones de personas que viven en nuestra ciudad. No son nada, no son nadie, y no hay que dejarles ningún espacio, ni compartir siquiera en nuestras redes sus rebuznos para criticarlos, pues así es como logran difusión. Ya lo decía Durruti: “con el fascismo no se discute…”.  

Pero ya digo, la mayoría de la gente está en otra onda completamente distinta y hace lo posible por disfrutar de la vida en colectivo, que ahora seguramente valora mucho más. Y creo que debemos quedarnos con eso: con lo estupendo que es poder saludar a los vecinos y preguntarles cómo lo llevan, con lo bonitas que nos parecen nuestras calles con menos tráfico y el aire más limpio, con el aplauso y agradecimiento a todas las personas que han seguido al pie del cañón para superar este escenario y también a todas las que se han quedado tanto tiempo en casa para frenar los contagios. Y quiero destacar muy especialmente todas las iniciativas solidarias vecinales que ha puesto en marcha la “gente corriente” entendiendo que en este barco vamos todos juntos y juntos nos tenemos que salvar, algo que, por lo que supone como modelo para la nueva sociedad que hemos de construir, a quien esto suscribe le hace sentir con fuerza aquello que decía también el amigo Buenaventura: “llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones, y ese mundo está creciendo en este instante”.  

ROBERTO BLANCO TOMÁS

Deja un comentario