La España gorrinera 

Todas las mañanas desde que nos dejaron salir me doy un voltio desde mi casa hasta el Carrefour, que está como a cinco minutos andando, aunque yo ahora tardo media hora o más. El paseo está lleno de parquecitos y pequeñas zonas verdes, y es fácil, si tienes paciencia, ver pájaros de muchas clases: petirrojos, jilgueros, verdecillos, verderones, estorninos, carboneros, mitos, herrerillos, pito real y hasta algún pico picapinos he llegado a ver.  

Estos días también he podido ver cómo la cantidad de basura en las zonas más cercanas al Carrefour ha aumentado exponencialmente, y hoy, un pequeño paseo justo delante de la puerta del Carrefour, con césped y algunos árboles, ya estaba literalmente lleno de plásticos, guantes, alguna mascarilla y otras porquerías que se suelen tirar, con o sin coronavirus. Y el miniparque que hay justo antes de ése, lleno de lo mismo y además litronas, latas y envoltorios a cascoporro de gente que se para en los bancos con las bolsas de la compra a tomarse una cerveza y comer algo. Hay papeleras por todos lados. y precisamente el suelo alrededor de las papeleras es donde más basura tiran, encima vacilando.  

Una pena pensar que todos esos animales tan especiales se terminarán marchando porque quién querría vivir en un sitio como ese, lleno de mierda. Si ni siquiera cuidamos el parque de al lado, ¿cómo pretendemos salvar el Amazonas o el océano? El coronavirus no es un permiso para hacer el guarro, más bien es un aviso para dejar de serlo. Voy a intentar ser muy diplomático: las personas que hacen eso me dan mucho asco y hasta un poco de miedo, porque qué no harán cuando estén en algún paraje natural sin nadie que les vigile o que vaya detrás recogiendo toda la mierda que van dejando. Y mejor que no diga lo que pienso de verdad. 

Samuel Iglesias Antón 

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