La alergia primaveral

Cuando llega el cambio de estación y principia la primavera, muchos árboles empiezan a florecer, y otros ya han comenzado a soltar los pólenes gracias a los cuales las plantas se pueden reproducir y expandirse. En algunas personas producen reacción alérgica, y eso significa que su organismo, al detectar estas pequeñas partículas, reacciona de un modo muy exagerado, produciendo síntomas de congestión nasal, estornudos, picor de garganta y nariz. También puede originar asma.

El riesgo de desarrollar la alergia al polen está determinado por factores genéticos, y también por la exposición a los pólenes. No en todas las personas se desarrolla la alergia, también conocida como “polinosis” o “fiebre del heno”. Su aparición está influenciada sobre todo en la niñez y adolescencia; se ha estudiado la relación de la aparición de la enfermedad con la elevación persistente de anticuerpos frente a los granos del polen. Entre los síntomas incluye las manifestaciones respiratorias (congestión nasal, tos) por una reacción que puede progresar causando estrechamiento de las vías aéreas (bronquios) y dando lugar a crisis asmáticas. Esto es debido a que nuestro aparato respiratorio se activa con un fuerte componente inflamatorio y puede provocar sibilancias (pitos en la respiración).

También puede dar manifestaciones en la piel, ronchas que causan picor y granitos que se extienden por todo el cuerpo. Hay que tener especial cuidado si las lesiones de la piel se extienden hacia la cara, hacia la boca, o en algún momento aparece dificultad respiratoria importante, para acudir al servicio de urgencias más próximo, ya que en reacciones graves de alergia puede existir un aumento importante del tamaño de la lengua, y se puede cerrar la glotis (el conducto por donde entra el aire hacia la tráquea) causando una reacción muy grave que puede dificultar por completo la respiración. Los síntomas de aumento del tamaño de la lengua o dificultad para hablar y tragar deben ponernos en alerta para acudir al centro de urgencia más cercano.

Habitualmente, el tratamiento de base consiste en unas dosis de medicación corticoide, que controla la reacción alérgica. Cuando hay compromiso respiratorio se recetan unos inhaladores que bajo prescripción resultan muy favorables para controlar los síntomas en los días siguientes. Cuando hay presentación clínica y el médico lo considera oportuno, se puede iniciar el tratamiento desde el inicio. Las pruebas de alergia no siempre son indicadas ni necesarias, ni altera la evolución de la enfermedad ni el tratamiento en la gran mayoría de los casos. En otras ocasiones, cuando no controla los síntomas o hay duda diagnóstica puede precisar una evaluación más específica.

DR.-ANGEL-LUIS-LAGUNA-CARREROMedicina Familiar y Comunitaria.
Máster Medicina de Urgencias y Emergencias.
Experto universitario en Nutrición y Dietética.

DR. ÁNGEL LUIS LAGUNA CARRERO

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