JOSÉ LUIS GAYO, DIRECTOR DEL CENTRO VETERINARIO CIUDAD DE LOS ÁNGELES

CENTRO VETERINARIO CIUDAD DE LOS ÁNGELES
José Luis Gayo (sentado, cuarto por la derecha), con parte del equipo del Centro Veterinario Ciudad de los Ángeles. Foto: Cedida.
JOSÉ LUIS GAYO, DIRECTOR DEL CENTRO VETERINARIO CIUDAD DE LOS ÁNGELES, UN ANUNCIANTE QUE NOS HA ACOMPAÑADO DESDE EL PRINCIPIO

Nuestros tres pilares: trabajar mucho, ser serios y tener unos precios asequibles

ROBERTO BLANCO TOMÁS

Este mes, en la sección dedicada a conmemorar los 25 años de Distrito Villaverde, que cumpliremos en 2020, visitamos una empresa del Distrito que ha recorrido todo este camino a nuestro lado, anunciándose en nuestras páginas desde el principio. Me refiero, por supuesto, al Centro Veterinario Ciudad de los Ángeles, un excelente ejemplo de que con esfuerzo y sentido común es posible construir en Villaverde un negocio próspero y en constante crecimiento.

Llevan ya 37 años en el barrio (los 11 primeros en el local de Alegría de la Huerta, 22 en Verbena de la Paloma, y cuatro ya en el actual de Gigantes y Cabezudos) y, empezando desde abajo del todo, hoy son una completísima clínica veterinaria con más de cuarenta personas en plantilla. Su creador, José Luis Gayo, nos recibe muy amablemente y nos da las claves de la excelente trayectoria del centro en la entrevista que sigue: trabajo, trabajo y más trabajo.

¿Cómo surgió la idea de abrir la clínica?

Terminé la carrera y, aunque ya estaba trabajando en un sitio, buscaba poner mi propia clínica. Un médico vecino mío que trabajaba aquí me dijo que no había ninguna por la zona, y que a él había pacientes que le comentaban cosas como “oiga, que el perro tose” o “mi perro tiene diarrea, ¿puede darme una medicina para él?”. Total, que vi que había posibilidades y me vine: hace 37 años éste era un barrio joven, busqué aquí un local y aquí me quedé. Yo creo que la clínica habría funcionado en cualquier sitio, trabajando mucho, con seriedad, etc. Pero también tengo que decir que tuve suerte… Empezamos María [su esposa] y yo solos: yo estaba todo el día, ella venía por la tarde porque aún iba a la facultad, y por la mañana me ayudaban mi madre o mi hermana. Luego, a los tres o cuatro años, para poder descansar un poco ya cogimos a una persona para las noches de los fines de semana, y luego un auxiliar, después otro veterinario… y así hasta ahora, que somos ya más de cuarenta personas. Pero esto sigue siendo un negocio familiar, ¿eh?… Porque estamos Mari, yo y nuestros dos hijos, que llevamos la empresa.

¿Sois vecinos del Distrito?

Hemos vivido 14 años aquí, sí… Como te comentaba, hace 37 años aún no conocíamos esto; teníamos aquel vecino que era médico y tenía aquí una consulta, y a ella veníamos una o dos veces al año, o cada dos años. Claro, en aquella época esto estaba un poquito alejado del centro, donde vivíamos nosotros. Luego nos casamos, compramos un piso en Anoeta, aquí al lado, y en él hemos vivido durante 14 años, nacieron allí nuestros hijos y hemos hecho nuestra vida todo ese tiempo. Luego, por problemas de espacio, ya nos fuimos a vivir a otro sitio, pero tenemos todavía el piso por si algún día nos tenemos que volver, porque nosotros vivimos y comemos de esto. Todos los días nos levantamos y venimos aquí a buscar la comida, y puede llegar algún día que no podamos conducir o que tengamos alguna otra limitación, y bueno, en previsión de ello, conservamos el piso.

¿Ha sido duro llegar hasta vuestra situación actual?

No me lo ha parecido especialmente… Verás, un tanto por ciento muy elevado de nuestros clientes es del Distrito Villaverde y de Usera, pero ahora los tenemos también de muchos otros lugares… Ten en cuenta que en una clínica veterinaria normal suele haber tres o cuatro personas, pero la nuestra está entre las cuatro clínicas más grandes de las alrededor de mil que hay en la Comunidad de Madrid en metros, personal y servicios. Estamos aquí las 24 horas, y viene gente de todo Madrid y de otras provincias también. Entonces en nuestra trayectoria no hay ningún misterio, nada más que trabajo, ilusión, seriedad y hacer las cosas lo mejor posible. Nosotros nos gastamos muchísimo en publicidad, para “hacer nombre”, pero lo que más clientes nos da es el boca a boca, y claro, si no lo hiciéramos bien no nos recomendarían. Son nuestros tres pilares: trabajar mucho, ser serios y tener unos precios asequibles para el entorno y para como está la economía en cada momento. Y así a nosotros nos ha ido bien; tenemos nuestros problemas, como todo el mundo, pero nos ha ido bien. Cuando empezamos, teníamos un local que tenía 60 metros cuadrados… Luego cogimos el de al lado y los juntamos, 120 metros; fue el primer local, que todavía lo tenemos y lo usamos de almacén. Después cogimos otro que tenía 500 metros, que también lo tenemos ahora de almacén, aquí al lado. Y por último de momento, nos hemos trasladado a éste, doblando el espacio. Hemos ido creciendo porque los clientes nos han ido pidiendo más, cada vez hemos tenido más trabajo y nos hemos ido adaptando a ello para poder asumirlo ofreciendo las mejores condiciones.

[Interviene Micaela, nuestra directora, que ha venido a la entrevista] En el periódico sabemos la importancia que dais a la publicidad, pues os habéis anunciado con nosotros desde el principio, y ya van casi 25 años…

Claro… A ver, yo soy veterinario, ésa es mi formación, lo que quiere decir que toda la parte de gestión, marketing, etc., de mi empresa la llevo a cabo de forma intuitiva y me guío por el sentido común… Y en ese sentido, siempre he sido consciente de que para que te conozcan tiene que haber publicidad. No hay más que ver que empresas tan representativas en este país como El Corte Inglés y el Banco Santander se gastan muchísimo en publicidad, aunque ya son sobradamente conocidos, y eso no es porque sí, ni meramente para promocionar productos u ofertas puntuales: es imagen de marca. Yo creo que la publicidad es muy importante: te tienen que conocer, es vital para cualquier negocio.

Y también, como digo, trabajar duro. Yo he tenido suerte, mi familia me ha ayudado, la salud ha acompañado… pero además me mato: vengo a las ocho y media de la mañana y me voy a las once y media de la noche, todos los días. Solamente paro tres cuartos de hora para comer en el bar con mi mujer y mis hijos. Eso de lunes a viernes, y los sábados vengo también de ocho a cinco, y los domingos dos o tres horas. Todos los días del año, menos 15 días de vacaciones que nos vamos en verano (aunque no cerramos) y cinco días en Semana Santa. Yo todos los días del año trabajo: el 1 de enero, el 25 de diciembre, el de Reyes… Todos… Mi familia y yo nos matamos a trabajar.

Y en este apartado quiero también dar las gracias a todas las personas que componen nuestro equipo, pues también se matan a trabajar. Por cierto, que gran parte del personal del centro es del barrio y alrededores.

Imagino que siempre tuviste claro que querías ser veterinario, pues vemos que tu profesión te apasiona…

Sí, siempre me han encantado los animales. Cuando terminé COU y la Selectividad, me planteé qué hacer. Quería curar, y no sabía si estudiar medicina humana o veterinaria. Como me gustaban muchísimo los animales, opté por la segunda, y no me arrepiento. He tenido una vida dura: la carrera la hice trabajando, sin saber siquiera si iba a poder acabarla… pero lo conseguí, he trabajado mucho, me he esforzado siempre al máximo, y aquí estoy.

Para terminar, ¿quieres mandar algún mensaje especial a los lectores y vecinos?

Darles las gracias… Cuando yo vine al barrio tenía 25 años, era muy joven… Ahora tengo 62, y llevamos aquí ya 37 años. A lo largo de ellos, me he esforzado siempre en estudiar y aprender más, y he invertido mucho en la clínica: antes compraba un aparato para ella que un coche para mí. Echando la vista atrás, pienso que ha valido la pena el esfuerzo, y creo que tengo también mucho que agradecer a la gente del barrio que ha confiado en mí.

‘Hemos ido creciendo porque cada
vez hemos tenido más trabajo
y nos hemos ido adaptando a ello’

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