‘Incluso de nuestras crisis, como ésta, tenemos que aprender’

Raúl Martínez, activista, educador y profesional del medio ambiente

La crisis provocada por la pandemia de COVID-19 ha tenido también efectos muy visibles en el medio ambiente, desde la explosión de vida (tanto vegetal como animal) fruto de nuestra “retirada” al confinamiento hasta la proliferación de nuevos residuos (guantes, mascarillas…) o la vuelta a la “normalidad” en cuanto recuperamos la movilidad. De todo ello y de más cosas relacionadas con el medio ambiente en el Distrito hablamos con nuestro buen amigo Raúl Martínez, activista, educador y profesional del medio ambiente.

Creo que hay novedades en torno a la Mesa del Árbol, en la que participas… Cuéntanos…

Bueno, la última reunión de la Mesa del Árbol tuvo lugar ya hace un año y pico, y ahora la ha retomado Borja Carabante [delegado del Área de Gobierno de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento] con una normativa nueva, que ha dado lugar a que sea posible no solamente tener representantes de grupos, sectores profesionales, empresas o colectivos… Yo no formo parte de ninguno, pero me han nombrado, vamos a ponerlo entre comillas, como “consultor experto”. No tengo voto, pero sí tengo voz y me escuchan, y eso es lo que yo quería: no representar a colectivos humanos, sino a nuestros vecinos más antiguos, los árboles, que sigo pensando que hay que proteger, cuidar, amar y hacer todo lo posible para que sigan siendo nuestros vecinos.

Así pues, ahora estamos esperando la primera reunión. Yo tengo previsto proponer en ella actualizar el inventario de los árboles que están catalogados dentro del plan de ordenación del Ayuntamiento como “bienes de interés”. Eso no se ha hecho desde hace muchísimos años, hay algunos que conozco que ya han desaparecido, y otros que merece la pena que estén incluidos. Esa actualización me parece muy importante, porque si no vamos a tener lo de siempre: cualquier obra puede atentar contra un árbol que tiene un valor no solamente ambiental y natural, sino cultural, dentro del ámbito de donde vivimos, sin que nadie haga nada para evitarlo.
Vamos con el tema central de la entrevista: desde tu punto de vista como experto en la materia, ¿cómo ha vivido el distrito de Villaverde esta pandemia en términos medioambientales?

Pues la verdad es que la pandemia nos ha enseñado muchísimas cosas, y una de las principales es la constatación de que si dejas a la naturaleza actuar por sí sola nos va a regalar con mucha mayor biodiversidad, con un mayor equilibrio, con más de todo… Si ya pensaba que Villaverde era el distrito con mayor biodiversidad de Madrid por una serie de razones como estar en el extrarradio, encontrarse al lado de un parque natural como el del sureste, estar conectado con otros ecosistemas a través de pasillos naturales que no debemos perder… pues si era así, estos meses lo ha sido todavía mejor. No lo hemos podido constatar porque estábamos confinados y también nos teníamos que regir por la normativa existente y por tanto no podíamos estar en el campo estudiándolo, pero ya simplemente haciendo unas mínimas actividades como ver aves desde la terraza de casa y llevar una serie de inventarios, hemos visto perfectamente cómo todo ha evolucionado a mejor… Al lado de casa me ha criado el ruiseñor, ha aumentado el número de nidos y de parejas de autillo en el Distrito… En mi terraza han aparecido plantas silvestres, seguramente traídas por los pájaros al venir a mis comederos en el estómago o en las patas… Plantas silvestres que no tenían ni que estar aquí en

Villaverde, pues son propias de ámbitos mediterráneos… Y claro, a mí todo esto me estaba llenando de alegría. Pero después ha venido la decepción, con eso de que “parece que está todo como si fuera una selva”. Pues esa selva, eso que llamamos “plantas inútiles” o “malas hierbas”, es lo que permite que tengamos biodiversidad, y la biodiversidad evita pandemias… Parece que no hemos aprendido…

Desarrolla esa idea, que es interesante…

Bueno, personalmente dudo del origen animal de esto, pero de todas maneras sí que existen muchas enfermedades producidas por vectores animales, que en sus lugares de origen están controladas por la naturaleza en equilibrio. Cada cosa tiene su función y su hábitat, aunque nos parezca que es inútil que haya un animal o una planta en un sitio determinado… Si vamos quitando animales y plantas, desertizando, deforestando, va aumentando el número de especies desaparecidas, y alguna de esas especies, por muy poca importancia que parezca que tiene, a lo mejor es la que controla algún tipo de enfermedad que nos puede llegar a nosotros… Si quitas un elemento, rompes el equilibrio y eso tiene un efecto: algo que estaba reducido comienza a expandirse porque ya no hay nada que lo contenga, no hay contrapeso… Eso lo saben muy bien los agricultores: los controladores de plagas para la agricultura se refugian justamente en las especies de “malas hierbas” que hay entre cultivo y cultivo, en el borde de los caminos… Eso lo tenemos comprobado en el Huerto Ladis, proyecto al que tengo el honor de pertenecer, que por cierto ha donado toda la cosecha a la comunidad para echar una mano a quien lo necesite.

Lamentablemente, el efecto positivo del confinamiento no se ha mantenido…
No, porque tenemos una percepción de lo que es naturaleza urbana que no cuadra… Por ejemplo, mucha gente piensa que un parque tiene que ser un parque inglés, y no somos ingleses, somos países mediterráneos: no tenemos que tener césped, ni regar los pinos que están en el césped, porque entonces se caen… Es posible “llegar a un acuerdo”: mantener limpios ambos lados del camino dejando siempre algo salvaje en vez de la pradera verde, pero hay incluso una cierta presión social en el sentido que la gestión de zonas verdes tiene que ser así, como todo limpito, todo podado y tal… Y las podas también tiran árboles, porque los debilitan. Solamente hay que podar si es necesario o si molesta, pero podar por podar y desbrozar por desbrozar, porque tenemos la percepción de que queda más bonito desbrozado… ¿Que hay peligro de incendio? Pues desbrozas algo del camino, pero deja el resto… Y no tendría que haber peligro de incendio si fuéramos solidarios con nosotros mismos y con el resto de la sociedad y no tiráramos basura.
Ésa ha sido la “foto fea” de este confinamiento, ¿no? Los “nuevos residuos urbanos”: los guantes, las mascarillas…

Y los colchones… Se tiraban los colchones sabiendo que hay un servicio de recogida gratuito… Lo que no hacemos en nuestra casa, lo hacemos fuera porque creemos que están en la obligación de recogerlo, que sí lo están, pero vamos a ser solidarios también con los trabajadores del servicio y con el propio Ayuntamiento. Ellos también están haciendo un esfuerzo, aunque solo sea para que no proteste la gente, pero es que nosotros tenemos nuestra parte en la culpa, porque aunque tuvieran una legión de gente limpiando, como no estamos educados debidamente, seguiría habiendo mierda, colillas… Y de verdad que hay auténticos profesionales de la jardinería, de la recogida de basura, de la limpieza viaria… y se esfuerzan, que los veo yo todos los días… Pero claro, muchas veces incluso se les va la moral porque acaban de pasar y ya está todo lleno de mierda. Vamos a poner todos también de nuestra parte, que esto es una convivencia entre todos, y tenemos que aprender de nuestros errores… Incluso de nuestras crisis como esta pandemia tenemos que aprender.

¿Cómo ha sido tu actividad estos meses?

Bueno, yo soy profesional del medio ambiente: técnico y educador ambiental, asesor… Realizo actividades y talleres ambientales, salidas con gente para enseñarles la naturaleza… Bien, pues todo eso se ha ido de momento, y me he tenido que buscar la vida… Así que durante todo este tiempo de crisis y el que nos queda estoy trabajando en un mercado… Un doctor en Biología está trabajando en un mercado… ¡y fenomenal! Porque en el mercado, la Galería Luyego, he conocido a unos profesionales y una gente maravillosa, que me ha facilitado la labor que yo tengo que hacer, que es facilitarles a ellos la suya, y me he dado cuenta de muchas cosas de cómo se trabaja allí. Por ejemplo, que todos podemos hacer educación ambiental desde nuestras distintas responsabilidades y nuestros distintos puestos de trabajo. Cada cual puede aportar su parte con los conocimientos que tiene de su actividad. Por ejemplo, ahora se están separando muchos más residuos en el mercado porque me he metido yo un poco a promover esa cuestión, y ya me preguntan al respecto… Y yo por mi parte he podido empaparme gracias a las demás personas que trabajan allí de cómo funciona cada cosa, llenándoles de preguntas para conocer mejor el sector de la alimentación. Y no olvidemos que en los mercados, las galerías de alimentación y las tiendas de barrio es donde hay que comprar, no solo porque así generamos menos residuos, sino también porque recibimos una atención mucho más personalizada y creamos puestos de trabajo en nuestros barrios.

Para terminar, ¿quieres enviar algún mensaje directo a los vecinos?

Que debemos aprender de todo esto y ser más ciudadanos, más sociales y más personas desde el punto de vista ambiental y desde el solidario. Lo mismo que cuidamos nuestra pequeña vivienda, el planeta es la vivienda de todos y tenemos también que cuidarlo; está en nuestra mano.

ROBERTO BLANCO TOMÁS

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