Hazlo tan bien que tu hijo no te rechace

que tu hijo no te rechace

Debemos admitir que vivir esta sensación es muy dura, nos sucede con frecuencia a las madres y es difícil de entender. Mi hijo me rechaza cuando nos ve, ¿por qué sucede?

Para las  madres resulta un momento de alegría reencontrarse con sus hijos después de haberlos dejado por unas horas; sin embargo, para algunos niños parece un disgusto. Para los pequeños es confuso que sus padres los abandonen en la guardería o con un extraño cuando en realidad desean estar con ellos. Demostrar su incomodidad y rechazarlos en un primer momento es una especie de revancha por el abandono, es algo que puede llegar a doler mucho, pero por lo general no dura tanto.

Después de haber pasado tanto tiempo sin separarse, padres e hijos logran un apego infinito. No obstante, llega el momento en que es precisa la separación. Es importante saber qué tipo de apego he fomentado en la unión con el niño. Aprende señales de un apego sano. Ese periodo de readaptación puede ser muy duro para ambas partes, con la diferencia de que los adultos lo comprendemos mejor.

¿A qué se debe el rechazo? No te dejes engañar por los primeros resultados: esto no significa que no quieran verte, sencillamente necesitan su tiempo para adaptarse. Es posible que la distancia que ponen, a veces acompañada de rabietas, tenga el propósito de llamar la atención y de algún modo echarles en cara que los dejaron solos.

Cómo afrontar el rechazo

Cuanto mejor aprendemos a manejar el rechazo, menos nos afecta. Por lo tanto, ¿cómo puedes desarrollar la capacidad de afrontar el rechazo? He aquí algunas ideas:

• Sé sincero

Comencemos por los sentimientos: si te sientes rechazado, reconócelo ante ti mismo. No trates de ignorar el dolor o fingir que no te duele. En vez de pensar “No debería sentirme así”, piensa que es normal sentirse como tú, dada tu situación.

Percibe la intensidad de tus sentimientos. ¿Te ha disgustado mucho este rechazo? ¿O solo un poco? Llora si quieres: es una forma natural de desahogarse.

A continuación, pon nombre a lo que sientes. Por ejemplo: “Me ha decepcionado mucho que mi hijo/a no me dé un abrazo. Me hacía muchísima ilusión llegar a casa y compartir tiempo con mi familia. Me siento excluido porque mi pareja logra siempre recibir ese afecto, yo no”.

Elige a una persona que te escuche y te apoye. Contárselo a alguien puede ayudarte por dos motivos: es posible que te tranquilice saber que alguien comprende por lo que estás pasando y cómo te sientes, y te obliga a poner tus sentimientos en palabras.

Tanto si decides compartir tus sentimientos con otra persona como si prefieres pensar sobre ellos a solas, reconocer cómo te sientes puede ayudarte a superar emociones dolorosas.

• Pensamiento positivo

Cuando nos enfrentamos a una emoción dolorosa como el rechazo, es fácil que nos quedemos anclados en lo mal que nos sentimos. Pero si pensamos en lo negativo de forma obsesiva podemos tener la sensación de que revivimos la experiencia una y otra vez. No solo seguirá haciéndonos daño, sino que además nos resultará todavía más difícil superar el rechazo.

Por lo tanto, admite cómo te sientes pero no te obsesiones con ello. Evita hablar o pensar en ello a todas horas. ¿Por qué? El pensamiento negativo influye en lo que esperamos y en cómo actuamos. Quedarnos anclados en una actitud negativa puede incluso provocar más rechazo. Desde luego, no inspira a nadie a intentarlo de nuevo.

También puedes aprender a potenciar tu inteligencia emocional y ser esa mamá que tanto deseas ser.

 por Gabriela Araujo 

Centro de Ayuda a la Familia.
En Familia Sentir-Pensar-Actuar.
C/ Orovilla, 54. Ciudad de los Ángeles.

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