Esto tiene que acabar

Violencia machista
El pasado 10 de septiembre, un hombre mataba a su ex-pareja de cinco puñaladas en la peluquería de San Cristóbal en la que ésta trabajaba. Era el segundo asesinato machista de la jornada, pues poco antes otro hombre había asesinado a su mujer en el concejo asturiano de El Franco, también a puñaladas. Y hablo de “machista”, no “de género”, porque me gusta llamar a las cosas por su nombre: las víctimas son invariablemente mujeres y/o sus hijos (con evidente intención de “castigarlas”, en la idea patriarcal de que los hijos pertenecen a las madres, y no a la pareja a partes iguales), y el móvil es claramente machista, reflejo de la sociedad en la que aunque no nos lo creamos seguimos viviendo.

Como es lógico, este horrible crimen ha sacudido el ánimo del barrio, que a la tarde siguiente se concentraba para expresar su repulsa en la plaza de los Pinazo convocado por su asociación vecinal; de todo el Distrito, muchos de cuyos habitantes se solidarizaban con San Cristóbal acudiendo a dicho acto de protesta, a través las redes sociales o por otros muy diversos cauces expresivos; y en fin, del resto de Madrid y de toda España, fruto de la amplia cobertura mediática que ha tenido este caso. Pero como lamentablemente era de esperar, el de San Cristóbal no ha sido el último: sin ir más lejos, cerca del cierre de esta edición, y en apenas nueve horas, se producían cuatro asesinatos más por violencia machista (en Castellón, en el pueblo granadino de Maracena y en Bilbao), dejando la cifra en 40 víctimas mortales (37 mujeres y tres menores) en lo que va de año.

Realmente uno ya no sabe qué decir ante esta lacra que cubre de vergüenza a nuestra sociedad desde hace muchos años. Solo que cansa ya ver cómo nuestras instituciones y sus representantes dan un montón de discursos, hacen muchos estudios y celebran innumerables actos simbólicos de repulsa, con profusión de zapatitos rojos y lazos violeta, pero hacen bien poco efectivo para solucionar este problema. Porque no hace falta entrar a discutir sobre lo que se está haciendo o no, ya que los datos son demoledores: 40 víctimas mortales en lo que va de año demuestran que las políticas en esta cuestión, sean cuales sean, resultan un lamentable fracaso, no funcionan, y hay que hacer otras cosas… Porque son 40 más de las tolerables, o sea ninguna.

Así que déjennos los actos de repulsa a los vecinos y sus asociaciones y colectivos, que somos los que tenemos que hacerlos para presionarles a ustedes. Y ustedes dedíquense a hacer algo útil, que esto sí es un problema serio, y paren ya de perder el tiempo con las pamemas de Cataluña y el lanzamiento de basura recíproco al que se dedican con deleite en los distintos ámbitos políticos para el desprestigio del contrario. Que en el siglo XXI una sociedad supuestamente avanzada siga sufriendo el azote de la violencia machista es una vergüenza, y esto tiene que acabar.

Roberto Blanco Tomás

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