Escuela pública de Villaverde en tiempos de pandemia

Un muestrario del compromiso profesional y humano presente en los claustros de nuestro distrito.

Cuando me pidieron que escribiera este artículo, mi primera intención era denunciar la situación de desamparo y falta de recursos en nuestro distrito. Decidí que debía ampliar mi mirada más allá de los muros de mi centro, IES Celestino Mutis, y he pedido a compañeros y compañeras de colegios, institutos y centros de adultos del Distrito que me escribieran en una frase o unas pocas líneas su experiencia sobre la “teledocencia” en sus centros. Por mi doble condición de profesora en el IES Celestino Mutis y delegada de la Federación de Enseñanza de CC OO en el Distrito, no tenía dificultades para llegar a casi todos los centros del mismo.

Ha sido al recibir las respuestas de docentes del Distrito cuando he decidido que no podía escribir un texto que fuera un rosario de quejas, todas muy justificadas, sino que tenía que escribir un artículo de reconocimiento al compromiso profesional y humano de los claustros de Villaverde. Este artículo está plagado de frases entrecomilladas que son copia literal de sus testimonios. No diré sus nombres ni los de sus centros, pero todos los barrios de Villaverde están representados.

No dejar a nadie atrás

En primer lugar quiero destacar sus esfuerzos por atender a todo el alumnado, por no dejar a nadie atrás: es un hecho recurrente en las respuestas recibidas.

“Es un centro con mucha diversidad, y hay que hacer un esfuerzo grande por atenderlos a todos. Los resultados varían mucho, pero yo destacaría el inmenso esfuerzo que hacen muchos alumnos a pesar de las enormes dificultades socioeconómicas con las que se encuentran muchos de ellos. Tengo alumnos que llevan dos meses entregando tareas a diario sin más recursos que los datos móviles de un smartphone”.

“La comunidad educativa de mi colegio ha hecho un trabajo encomiable. Nos hemos puesto en contacto con cada uno de los alumnos, analizando las condiciones familiares para intentar acomodarnos a sus circunstancias y ponerlos también en contacto con los servicios de la zona. Se han impreso materiales para los alumnos con menos recursos, se ha distribuido packs de materiales escolares y también se repartieron tablets solicitadas a la Comunidad de Madrid.

Todos los niveles educativos y profesionales de apoyo han puesto en marcha sus propios blogs para acercar a los alumnos las tareas de una forma cercana y ordenada, y se intenta, poco a poco, explicar a las familias cómo crear una cuenta de correo y cómo utilizarlo”.

“No obstante, algunos alumnos que tienen un contexto familiar desfavorable (no tanto porque no posean dispositivos o conectividad a internet, ya que en mi colegio les facilitamos las tareas en formato papel), sino porque sus padres no pueden o no saben ayudarles, se están quedando al margen. La figura presencial del maestro es insustituible, esta modalidad de enseñanza es artificial”.

“Te puedo decir que los maestros luchan diariamente contra unos condicionantes sociales pésimos. Y aun así se da clase y se da amor a todo ese colectivo de alumnos”. “El trabajo en equipo y las ganas de aprender para poder dar a nuestros alumnos y alumnas una enseñanza de calidad”. “El trabajo realizado para que a todos los niños les llegue el trabajo a casa, incluido el equipo directivo”. “Faltan recursos tecnológicos para esta buena gente”.

Adaptación al medio

En segundo lugar, quiero destacar la adaptación al medio tecnológico poniendo todo de nuestra parte: medios personales, jornadas interminables entre atención al alumnado, organización y planificación, coordinación…

“Ahí estamos: trabajando y en contacto con el alumnado. Dependiendo de los conocimientos informáticos de cada docente, se están utilizando todas las herramientas online a nuestro alcance. Unos mejor que otros, cada profe en función de sus capacidades informáticas… pero en contacto entre nosotros, a través de videoconferencias se mantienen reuniones de CCP, de equipos docentes

y de departamento. Incluso una reunión informática con 60 participantes para dar información al alumnado de distancia sobre sus exámenes”.

“Jornadas interminables para atender individualmente a los alumnos y a padres a pesar de no ser tutora, mucho tiempo dedicado a aprender nuevos programas para videoclases, dificultades para usar Raíces al ser muy poco intuitivo en algunas herramientas”.

“Hemos enviado regularmente las tareas por correo electrónico, hemos recibido las fotos de las tareas hechas y las hemos corregido. Hemos llamado desde nuestros teléfonos personales a las familias para interesarnos por su situación, para saber los problemas tecnológicos, para hacer seguimiento de cada uno de nuestros alumnos… Hemos mantenido reuniones de coordinación, evaluación, claustros por diversas videoplataformas… Revisado las programaciones… Hemos hecho jornadas muy largas, mucho más largas que nuestra jornada laboral, y no se han tenido en cuenta las situaciones personales o familiares de nadie, había que trabajar”.

Trabajo en equipo

En tercer lugar, quiero destacar el trabajo en equipo y la cooperación, otro elemento recurrente en las respuestas.

“Desde un principio hemos funcionado como una familia. Hemos hecho un grupo de WhatsApp y nos ayudamos en cuanto a programas informáticos, datos de alumnos, posibles ayudas… Te sientes lejos de la Administración, pero cerca de tus compañeros”.

“Buen ambiente entre compañeros, un equipo directivo flexible y cooperador. Un centro grande y con alumnado difícil, pero muy bien organizado”

“El equipo directivo lo coordina todo eficazmente ayudando al profesorado en su labor diaria. Hay mucha colaboración y complicidad entre el profesorado.”

“El sentimiento de cercanía y apoyo por parte de mis compañeros y también el alto grado de implicación de las familias y el reconocimiento por parte de éstas hacia nuestra labor”.

Meses extraños

No están todas las respuestas recibidas, pero sirva esta muestra para conocer cómo estamos viviendo los docentes de la escuela pública de Villaverde estos extraños meses. Yo misma lo vivo todos los días, y al leer las respuestas he comprendido que mi experiencia es compartida.

Los primeros días fueron de locura con jornadas interminables para organizarnos, asimilar la nueva situación, pasar de la mañana a la noche de presencial a online, la incertidumbre y el miedo a no saber cómo actuar o qué decisiones tomar para contactar con nuestro alumnado.

Contábamos con una plataforma, Educamadrid, sin capacidad para soportar la carga de la teledocencia, una Administración que daba por hecho que poseíamos en nuestros domicilios los medios tecnológicos necesarios y que en todos los centros funcionaban aulas virtuales, las cuentas de correo de Educamadrid de los alumnos… y que las familias sabían acceder a Robles o teníamos sus datos en nuestras aplicaciones. Y no era ésa la realidad en muchas escuelas públicas de Madrid, y especialmente en barrios como el nuestro.

Como muchos de mis compañeros, puse a disposición del alumnado cuenta de correo personal o creada ad hoc, ya que la de Educamadrid no funcionaba correctamente; realicé llamadas desde mi teléfono personal; aprendí a usar plataformas de videoconferencia. Y sobre todo, me sentía una privilegiada por impartir una asignatura cursada por pocos alumnos, Latín.

Me ponía en la piel de mis compañeros y compañeras de otras especialidades que suman más de 100 alumnos; descubrí que algunos tienen hasta 260, y no podía dar crédito a las declaraciones del consejero de Educación cuando decía que no era necesario cubrir las bajas por enfermedad porque otros compañeros podían asumir la carga docente al no ser presencial.

Sentí que los y las docentes no éramos personas, sino máquinas capaces de atender individualmente a 100 o 200 alumnos y que debíamos carecer de familia o vida personal. Como transmiten las respuestas recibidas, hemos podido salir adelante y seguir cumpliendo con nuestro alumnado gracias a las redes creadas entre nosotros para cooperar, colaborar, compartir conocimientos y materiales, intercambiar datos de alumnos… Como me decía una compañera en su respuesta: “en mi colegio se respira humanidad y compañerismo”.

¡Qué lejano parece el 10 de marzo! Nuestra obligación ahora es cerrar el curso con la esperanza de que se tomen las medidas necesarias para no llegar a septiembre con la sensación “de que no hay plan para trabajar en educación con la Covid-19 y existe una descoordinación que tiene en alerta a toda la comunidad educativa”.

Todo plan o medida para el curso próximo pasa por una premisa necesaria e imprescindible, mayor dotación presupuestaria en recursos económicos y humanos para garantizar la prevención y la seguridad de alumnado y personal docente y no docente y partidas económicas e inversión en tecnología (vía préstamos desde los centros y/o instituciones) para garantizar los medios necesarios con el fin de que nuestro alumnado más desfavorecido socioeconómicamente no se quede atrás.

La Consejería de Educación debe cuidar la escuela pública y no seguir haciendo dejación de sus funciones pensando que su profesorado puede suplirlas a costa de esfuerzo personal.

Como cierre, una frase definitoria de la docencia en Villaverde: “Impresionante inmersión en la sociedad multicultural del futuro”. En este mundo cambiante, la escuela pública de Villaverde es la mejor preparación.

Por último, quiero desde estas páginas agradecer a mis compañeros y compañeras del departamento de Lengua (Francés y Latín) del IES Celestino Mutis todo su cariño y colaboración: gracias “por ser como sois y estar siempre”.

Almudena García Mayordomo, Profesora y miembro del consejo escolar del Instituto Celestino Mutis. Delegada sindical de CC OO. Presidenta de la Junta de Personal Docente Madrid Capital

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