Educación pública: ¿a quién le importa?

Educación pública
Ahora que volvemos a estar envueltos en un nuevo proceso electoral, es necesario recordar ciertos aspectos que influyen en la vida diaria de nuestros hijos e hijas; es necesario volver a decir que ya vamos por el cuarto ejercicio desde que empezó a implantarse la LOMCE en el sistema educativo español, algo que creo que hemos olvidado, aunque sí es cierto que en la Comunidad de Madrid, como si de un laboratorio de pruebas de políticas neoliberales se tratara, lleva más años en vigor, con las consecuencias para la educación pública que eso conlleva. Algo a lo que nuestro distrito no es ajeno.

Un distrito con carencias en materia de recursos educativos en todos los niveles, debido a la ya mencionada LOMCE, pero no solo a eso: también y sobre todo a la falta de acción del equipo de gobierno de la CAM, en manos del PP pero con el apoyo indiscutible de Ciudadanos, a lo largo de la última legislatura en materia de inversión en educación. Su modelo es otro, y ya no lo esconden. Por lo menos ya no engañan, eso es de agradecer, así quien les vota sabe qué está votando. Votan la voladura de la escuela pública.

Seguimos sin que esté acabado el IES Juan Ramón Jimenez, en el cual su alumnado lleva sufriendo unas obras y las consecuencias que esto genera: falta de biblioteca, masificación en aulas, falta de instalaciones deportivas suficientes en el centro, etcétera.

Sufrimos la nefasta política de un solo orientador por centro en todos los institutos, que con las características de nuestros barrios puede resultar un drama en cuanto a temas de convivencia en dichos centros se refiere. La no reposición de profesorado hasta pasados quince días de las bajas laborales. La falta de democracia que se da en muchos centros en los claustros y, sobre todo en los consejos escolares, relegando a las familias a meros espectadores, con direcciones de los centros contentas con su papel. En resumen, seguimos con la LOMCE.

Seguimos con la no valoración de alumnado con necesidades especiales, que ante la falta de recursos, cuando pasan a Secundaría sus dificultades en muchos casos se agudizan. El bilingüismo cañí que sin una evaluación externa sigue adelante, sin saber sus consecuencias. Falta de distintos Bachilleratos en el Distrito, teniendo uniformidad de los mismos en casi todos los centros, ¡a quién le importa el arte! Si nos ponemos a hablar de la Formación Profesional, pedir plaza es un problema mayúsculo para muchas familias: es lo que tiene tenerte que ir a centros concertados por falta de plazas públicas. Familias que no lo pueden pagar; la privatización encubierta es lo que tiene. Con ciertos Bachilleratos pasa lo mismo: la jugada del “cheque Bachillerato”, así como la educación “gratuita” de 0 a 3 años, les ha salido redonda; son neoliberales, no tontos.

Aún así, muchos preferimos la educación pública: los concertados son negocios, y eso también tiene sus riesgos. La consecuencia de esa falacia que llaman “la libre elección de centros”.

Podría seguir, pero… ¿a quién le importa? Me temo que a casi nadie: la doctrina del shock ha calado en la comunidad educativa. Entre la cual me incluyo.

FERNANDO CAMACHO CAMIÑO

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