De restricciones y moralina

Pasado ya el confinamiento perimetral de Madrid, volvemos al de algunas zonas básicas de salud, que van cambiando con las cifras de incidencia. El problema es que al haberse dejado de hacer test a los contactos con positivos que no presenten síntomas (con clara intención bajista, añado), estas cifras no parecen demasiado fiables. Aparte, el confinamiento por ZBS sigue resultando absurdo a cualquiera que conozca Madrid y lo piense un poco: estas zonas son divisiones artificiales, no unidades aislables, por lo que el “control de fronteras” es más bien complicadito, por no decir inviable (en muchas ocasiones una acera de una calle corresponde a una zona y la de enfrente a otra). Y lo más importante: de nada sirve confinar zonas si la mayoría de la gente trabaja fuera de su barrio y tienen que desplazarse diariamente al tajo en transportes atestados.

Nada sorprendente: una nueva muestra de que la clase política vive más pendiente de que parezca que toma medidas que de que éstas sean realmente efectivas. En buena lógica, lo prioritario ahora serían más test, más rastreadores y más sanidad pública, pero claro, eso es más complicado (y sobre todo más costoso). Mejor quedarnos en los confinamientos, que no digo que no puedan ser necesarios si lo que se plantea tiene lógica, pero que por sí mismos, sin lo apuntado, no sirven para nada: el virus no se va a ir solo. Y como esto no deja de ser un ejercicio de control social, es bueno recordar aquello que decía el psiquiatra y psicoanalista Wilhelm Reich de que cada vez que se incrementa la presión sobre las masas trabajadoras suele fortalecerse también la presión moralista para que no protesten y hagan lo que “los de arriba” desean. En este caso, la moralina viene en forma de bombardeo de políticos, “expertos”, opinadores y gente variada insistiendo en mensajes en la onda de “claro, como no hemos tenido cuidado, ahora pagamos las consecuencias”, “como hemos salido demasiado en verano…”, “como nos hemos despreocupado…”.

Y solo faltaba eso, que ahora la gente corriente, que bastante tiene con salir adelante y no perder la sonrisa, tuviera la culpa de todo. Miren ustedes: hasta que no repongan todo lo recortado a la sanidad y ésta no esté como debe estar y mejor todavía, hasta que no haya suficientes rastreadores, hasta que no se hagan test a todas las personas que presenten la mínima posibilidad de padecer COVID-19, hasta que los transportes públicos sean seguros y no vayan hasta los topes y, en definitiva, hasta que no veamos que se hace realmente todo lo que se puede hacer para frenar de verdad la pandemia y encontrar soluciones para todas las personas a las que de una u otra forma ésta ha traído o aumentado el drama a sus vidas, sin dejar a nadie atrás, no tienen ustedes autoridad moral para venirnos contando nada de nada. Así que si no van a hacer algo de todo eso, mejor se callan y así al menos no nos ofenden.

Roberto Blanco Tomás

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