Como pasa un alcohólico en recuperación la pandemia 

Mi nombre es Ángel, vecino de Villaverde, alcohólico y miembro del Grupo Villaverde de Alcohólicos Anónimos. Aprovecho para dar las gracias al periódico del Distrito por la estupenda labor que hace de dar voz a vecinos y colectivos. Ante el cambio radical que se produjo en nuestras vidas con motivo de la pandemia de la COVID-19, quiero expresar cómo lo está pasando un alcohólico en recuperación. 

Con el cierre de colegios vino también el cierre de ayuntamientos, parroquias y la propia responsabilidad de los grupos que decidieron cerrar los locales donde se reunían. Nosotros cerramos el local el día 10 de marzo, cuando tuvimos la última reunión. 

Los acontecimientos se sucedían de forma muy rápida, cerraban muchos establecimientos, e ignorábamos cuanto tiempo iba a durar esto. Me sorprendía la compra compulsiva de comida; veía largas colas en los estancos, los fumadores hacían acopio de tabaco ante la perspectiva de que los cerraran. Al final el Gobierno no los cerró, pensando, supongo, en la ansiedad que le podría causar a un fumador estar encerrado y no poder fumar. 

Cerraron las casas de apuestas, aunque los ludópatas podían seguir jugando online. Cerraron los bares, pero los alcohólicos podían seguir comprando alcohol en los supermercados.  

En muchas ocasiones pensé cómo lo estarían pasando los adictos a drogas ilegales, ¡qué ansiedad! Veía escenas en la televisión que me hacían pensar cuántos de ellos serían adictos que les estaba pudiendo su adicción. Un adicto pierde la capacidad de elegir si consumir o no, es impotente al comportamiento o consumo que nos produce la adicción, hemos perdido la capacidad de controlar. La fuerza de voluntad no existe, por lo menos a mí no me sirvió. 

Me imaginaba cómo me sentiría si estuviese consumiendo en esta situación, encerrado en casa, escondiéndome para consumir, que mi familia no se diera cuenta de mi consumo. Lo que hacía antes: esconder mi consumo, me sentía culpable, creía que era un vicioso o falto de voluntad. Ignoraba que padecía una enfermedad: una enfermedad muy grave que como no busques ayuda te lleva en último lugar a la muerte, no sin antes tener muchísimo sufrimiento y haber hecho sufrir a los que te quieren. 

Ante esta situación que no me gustaba, empecé aceptando lo que estaba ocurriendo, viviendo el día a día (el presente), y no me creaba expectativas de cuándo terminaría. En fin, procuraba tener buena salud mental. Procurando estar bien para poder ayudar a los demás. Aunque estaba tranquilo y sereno, había algo dentro de mí, algo que no me dejaba concentrarme ni leyendo, ni viendo la televisión, etc. Me daba cuenta de que necesitaba compartir lo que me estaba ocurriendo: hablaba con compañeros, pude asistir de forma telemática a reuniones de Alcohólicos Anónimos en las que podía seguir  compartiendo con mis compañeros. No estaba solo, tenía personas que me iban a entender y ayudar. 

Afortunadamente, hicimos de la necesidad virtud: surgieron más de 20 grupos que hacían reuniones diarias por diferentes plataformas. Seguíamos tendiendo la mano al alcohólico que pide ayuda. Nos ha dado la oportunidad de reinventarnos. 

Imagino que la situación no ha sido fácil para nadie: convivencia de varios familiares en viviendas pequeñas, problemas diferentes, falta de trabajo e ingresos, personas que por su trabajo están expuestas a contagiarse y que puedan contagiar a sus familias. Viviendas con un solo baño y muchísimas dificultades para poder aislarse si algún miembro de la familia enferma, familias que han perdido a alguno de sus miembros, etcétera. 

He podido ver lo bueno de la sociedad, la solidaridad de la gente, escuchaba lo bien que se sentían cuando estaban haciendo algo por los demás sin esperar nada a cambio. Dándolo con amor, es la mejor forma de recibir. Quien nunca ha dado de esta forma no sabe lo que se siente. 

Esto que estamos pasando permite que hoy valore más lo que tengo: salud, familia que me quiere, un techo, un plato de comida, amigos con los que tomar un café o pasear, poder ver una película, una obra de teatro, leer un libro, un paseo, etcétera. 

Entre lo mucho que agradezco está que no solamente dejé de beber: estoy aprendiendo a vivir. El dejar de beber no significa que no me ocurran cosas que no me gustan, lo que cambia es mi actitud ante lo que me ocurre en el día a día. Todo lo que me ocurría era la excusa perfecta para beber, y una situación como ésta habría sido la excusa perfecta para estar borracho todo el día. Las emociones, el sufrimiento, me llevan a consumir. El sufrimiento  es un “lujo” que no me puedo permitir, tengo que enfrentarme a la vida con sobriedad emocional. 

Si alguien tiene problemas con el alcohol, quizás podamos ayudarle. Que se ponga en contacto con nosotros en el teléfono 91 341 82 82, estaremos encantados de informarle acerca de dónde puede tener una reunión en forma telemática. Cuando esta situación termine, nos volveremos a reunir en nuestros lugares habituales. Naturalmente, guardando todas las recomendaciones de las autoridades sanitarias. 

Me despido de mis vecinos deseándoles salud y fuerza: felices 24 horas. 

Ángel (Grupo Villaverde Alcohólicos Anónimos) 

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