Acelerando partículas

Acelerador de partículas
El gran colisionador de hadrones de Ginebra, también conocido como LHC, es el mayor acelerador de partículas del mundo. Funciona a 271,15 grados bajo cero, es decir, a dos grados por encima del cero absoluto, que es el punto en el que las partículas dejan de moverse al carecer de energía para poder hacerlo. El LHC dispone de un túnel de veintisiete kilómetros de longitud, en el que colisionan protones de hasta 7 Tev de energía, que después de ser acelerados al 99,99% de la velocidad de la luz, producen durante menos de un segundo partículas inestables.

Tanto estas partículas como las que las generan al colisionar se estudian al detalle, ya que, según los más de 2.000 físicos de 34 países que las analizan, tienen múltiples aplicaciones, tanto en medicina como en tecnología electrónica, y en especial en la gran explosión espacial, debido a que permiten simular los eventos ocurridos inmediatamente después del Big Bang, momento en qué todo surgió, no solo la vida, puesto que ésta vino mucho después, sino el nacimiento del universo, el cual se hallaba condensado en un único y minúsculo punto que desde entonces no ha parado de expandirse en todas direcciones hasta abarcar dimensiones colosales, casi infinitas… Pues bien, todo esto se estudia en el LHC, donde se postulan teorías inentendibles, no solo para la mayoría de los mortales, sino incluso también para muchos especialistas en la materia.

En aquel monstruo de la ciencia se debaten argumentos utópicos sin una solución práctica concreta. Los físicos que trabajan en el gran colisionador de hadrones juegan con la ventaja de que nadie puede rebatir algo que no entiende, y así pasan los años y las asignaciones millonarias que se designan a cada proyecto. No sirven nada más que para hacer vivir a los que allí trabajan, porque poco en claro o nada se saca de provecho para el público en general, por lo que podríamos decir que el mayor laboratorio que jamás se haya construido en la tierra no es más que una quimera, una entelequia, un desvarío… En definitiva, una farsa.

DAVID MATEO CANO

Deja un comentario