Tesoros ocultos

Tesoro del Rey Juan

DAVID MATEO CANO

La búsqueda de tesoros es algo que ha fascinado a todo el mundo desde el comienzo de la humanidad. Son muchos los tesoros que se han descubierto, pero todavía son más los que quedan por descubrir. En este breve artículo os describo algunos de los más codiciados

El tesoro de Fenn

Forrest Fenn es un comerciante de arte jubilado al que diagnosticaron un cáncer de riñón, momento en el cual decidió ocultar un tesoro valorado en dos millones de dólares para que se lo quedara aquel que lo encontrara. Dejó nueve pistas escritas en un poema, el tesoro lo guardó en un cofre de bronce de 18 kilos, y está compuesto por cientos de piezas de oro y rubíes, ocho esmeraldas, dos zafiros de Ceilán, gran cantidad de diamantes, dos antiguas tallas chinas de jade y pulseras de oro precolombino. El cofre, según Fenn, se encuentra enterrado al sur de Estados Unidos, concretamente en el Condado de Santa Ana, en Nuevo Méjico. Hay muchas personas que se han lanzado a su búsqueda, algunas de ellas han desaparecido misteriosamente.

El tesoro de Yamashita

Tomoyuki Yamashita, apodado “El Tigre de Malasia”, fue un general del Ejército Imperial japonés. Durante la Segunda Guerra Mundial amasó una descomunal fortuna proveniente del expolio a diferentes países asiáticos como Vietnam, Camboya, Tailandia, China y las dos Coreas. Su fortuna estaba compuesta por obras de arte, joyas y documentos históricos. El botín lo escondió en cuevas, túneles subterráneos y búnkeres de Filipinas, con la intención de llevárselo a Japón después de la guerra, cosa que no pudo hacer, porque fue ejecutado por el Ejército norteamericano acusado de crímenes de guerra.

El tesoro del rey Juan

El rey Juan I de Inglaterra, más conocido como “Juan sin Tierra”, se hizo de forma poco ortodoxa con una inusitada riqueza, la cual unió a las joyas de la corona británica y a todas las joyas heredadas de su abuela, la emperatriz de Alemania, así como a una enorme cantidad de piezas de oro de incalculable valor. Dicha fortuna, debido a las disputas que tenía con otros barones ingleses, se vio obligado a trasladarla a la ciudad de Lynn, pero poco antes de llegar a ésta todo el tesoro acumulado desapareció cuando atravesaba el estuario de Wash, sin dejar ni rastro de él. Días después el rey moría en el castillo de Newark, presa de la locura que le ocasionó semejante pérdida.

El tesoro de ‘La Flor de la Mar’

La Flor de la Mar era un barco portugués que se hundió en las costas de Indonesia cuando iba cargado de riquezas incalculables, conseguidas durante la conquista del sultanato de Malaca. Entre su botín había diamantes, esmeraldas, zafiros, rubíes, perlas raras, figuras de animales hechas de oro y otros objetos de gran valor.

El tesoro de la ciudad perdida de Paititi

La mítica ciudad de los incas se encuentra ubicada entre el sureste de Perú, el norte de Bolivia y el sureste de Brasil. Se cuenta que fue construida en oro, y que tanto las viviendas como los caminos esteban hechos de este material. Ninguna de las ruinas halladas hasta la fecha corresponde a esta ciudad, de la cual a partir del siglo XVII se pierde toda referencia.

El tesoro de León Trabuco

León Trabuco era un rico mejicano que, junto a otras cuatro personas, fue comprando gran parte de las reservas de oro de Méjico con la intención de venderlas a Estados Unidos cuando el precio subiera. Poco a poco se fueron llevando el oro a Estados Unidos, donde lo fundieron en lingotes. Se calcula que llegaron a acumular 16 toneladas, luego León Trabuco lo escondió en algún lugar entre las reservas indígenas de Ute y Navajo. Cuando en 1934 subió el precio del oro de forma increíble, decidieron venderlo, pero se encontraron con la desagradable sorpresa de que había salido una nueva ley que hacía ilegal la propiedad privada del oro. Pero eso no fue lo peor para ellos, sino que en breve espacio de tiempo todos murieron en extrañas circunstancias.

El tesoro de Issyk-kul

Gengis Khan, poco antes de morir, enterró las riquezas que consiguió durante la conquista de la mayor parte de Asia y de China en el lago Issyk-kul. Una vez hecho esto, asesinó a todos aquellos que conocían el paradero exacto del escondite, con el fin de que nadie más que él supiera dónde estaba su tesoro.

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