Ropa vieja

Ropa vieja

Felipe Iglesias Serrano

El día de la entrevista con Yolanda Pintor, en su programa La buhardilla de Radio 5, estaba levantado desde muy temprano para preparar el desayuno de Alda. El espejo no me reconoció cuando levanté la cara mojada con el agua que me había echado para refrescarme. El bochornoso calor de junio se había instalado y amenazaba con quedarse. Por la ventana entraba el bramido del eterno rodar de los coches por las calzadas de La Ciudad de los Ángeles. Me entretenía seleccionando una de las películas de Antonioni en el libro de Miguel Ángel Barroso, para verla por la tarde, cuando oí leves ruidos que creí procedentes de la preciosa casa de muñecas que el padre de Alda construyó para regalársela. Embebido en libros y películas, no me había dado cuenta de que mi mujer había desparramado por toda la cama mis polos de verano y mis dos pantalones.

—¿Qué haces con mi ropa, peque? —le pregunté.

Y antes de que me contestara comprendí que trataba de elegir lo más presentable para ir a la radio. Entonces recordé una divertida escena de una de las deliciosas comedias de Alberto Sordi, en la que éste, que es pobre de solemnidad, se entera de un posible trabajo de albañil y su mujer va pidiendo ropa por las chabolas. En cada una le dejan la mejor prenda, y se presenta hecho un figurín al encargado de obra.

—Perdona Alberto —le dice con el gesto compungido—, te daría a ti el trabajo, pero creo que este hombre lo necesita más que tú.

Alberto se gira y ve a un hombre vestido de harapos, se vuelve hacia el encargado y asiente tristemente con la cabeza. Ja, ja, ja. Qué ironías tiene la vida. Me fui a la radio con uno de mis dos pantalones y el polo que me dio Alda.

No logro acordarme del título de la película, pero la escena se me quedó tan grabada en la memoria que siempre que me acuerdo de ella me brota la risa.

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