‘El gran dictador’ (1940)

‘Todo se conserva en mi memoria. En mi infancia yo luchaba contra el hambre y el miedo del mañana’, Charles Chaplin

POR FELIPE SERRANO

Durante tres años, de 1937 a 1940, Charles Chaplin preparó, escribió y dirigió El gran dictador, su primera película sonora. Una película contra todos los totalitarismos.

Los EE UU todavía no habían entrado en guerra con Alemania. La censura vetó su exhibición en España y no fue estrenada hasta 1976, después de la muerte de Franco. Su mensaje se interpretaba en EE UU como un poscomunismo encubierto, y Chaplin pasó a engrosar la lista negra de artistas vetados por Hollywood.

A continuación podéis leer el vibrante discurso final del film, un alegato a favor de la democracia y la libertad de todos los pueblos del mundo, que es ahora mismo de la más rabiosa actualidad.

“Lo siento, pero yo no quiero ser emperador. No es mi oficio; no quiero gobernar ni conquistar a nadie, sino ayudar a todos si fuera posible, judíos y gentiles, blancos o negros. Tenemos que ayudarnos unos a otros… Los seres humanos somos así, queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados, no queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos, la buena Tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero la codicia ha envenenado todas las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encerrado en nosotros. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y secos; pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que maquinas, necesitamos humanidad; más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos, la verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros. Ahora mismo mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, a millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcela a gentes inocentes. A los que puedan oírme les digo: no desesperéis, la desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el progreso del camino humano. El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores, y el poder que le quitaron al pueblo se le reintegrará al pueblo, y así mientras el hombre exista, la libertad no perecerá.
“Soldados, no os rindáis a esos hombres que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen lo que tenéis que hacer, que pensar y que sentir; os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como a carne de cañón. No os entreguéis a esos individuos inhumanos, hombres máquinas con cerebros y corazones de máquinas. Vosotros no sois máquinas, no sois ganado; sois hombres, lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones, no el odio. Solo los que no aman odian, los que no aman y los inhumanos. Soldados, no luchéis por la esclavitud, sino por la libertad.
“En el capitulo 17 de San Lucas se lee: ‘El Reino de Dios está dentro del hombre’; no de un hombre ni de un grupo de hombres, sino de todos los hombres. Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa, de convertirla en una maravillosa aventura. En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble, que garantice a los hombres trabajo y dé a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Con la promesa de esas cosas, las fieras alcanzaron el poder, pero mintieron. No han cumplido sus promesas y nunca las cumplirán. Los dictadores son libres solo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para libertar al mundo, para derribar las barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón, un mundo donde la ciencia y el progreso nos conduzcan a todos a la felicidad. ¡Soldados, en nombre de la democracia debemos unirnos todos!”.

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