Javier Marías y Gloria Fuertes

Conozco a Javier Marías por haber coincidido un par de veces con él en Casablanca, la extinta tienda de cine de mi amigo Llopis. Ninguna de las dos veces que nos vimos cruzamos una sola palabra. Lo que recuerdo de estos dos fugaces encuentros, es que las dos veces se comportó exactamente igual conmigo. La primera vez que le vi,él estaba revisando programas de cine sentado en una banqueta, había dejado su abrigo sobre la otra banqueta disponible y, al oírme entrar, se volvió, me miró de reojo con suspicacia y después miró hacia su abrigo. Mientras permaneció allí, estuvo dándose la vuelta cada pocos segundos para mirarnos a los dos. Me hizo gracia esa artera desconfianza en un hombre tan célebre y reconocido como escritor. Pocos meses más tarde volvimos a vernos de nuevo en Casablanca y, curiosamente,hizo lo mismo que la primera vez. Me reí con ganas cuando se fue y mi amigo Llopis me sopló al oído, muy serio, quién era.

—Sí, le conozco, no he leído ninguno de sus libros, pero sé quién es—le dije, riéndome de la situación y de la cara de asombro de mi amigo.

Ahora ha escrito en su columna de un periódico venido a menos que él no piensa, como otros, que Gloria Fuertes era una grandísima poetisa. Aunque piense así, por educación, y por respeto, ese comentario se lo podía haber guardado para sí. Yo conocí y charlé largamente con Gloria Fuertes en un recital de poesía en Villaverde. No voy a discutirle si era mejor o peor como poetisa, pero como persona era grandísima, Sr. Marías.

Por Felipe ISerrano

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